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Full text of "Lágrimas y jesuitas : drama"

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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



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PQ6217 

v. 1U1 
no. 1-16 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hil 



http://archive.org/details/lgrimasyjesuitas1411daza 



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TEATRO 



ANTONIO DÍAZ (mjo.) 



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MONTEVIDEO 

IMPRENTA ORIENTAL, CALLE DEL 25 DE MAYO ATM. 5| 



Es propiedad del autor, y nadie podrá reimprimir sin su licencia. 












DOS PALABRAS. 



Rechazado por el Censor, Don Francisco Figneroa, 
el presente Drama, como inconveniente y no RAZONA- 
BLE PARA EXHIBIRSE EN LAS ACTUALES CIRCUNSTANCIAS, 

pabia resuelto inutilizarlo; porque, escrito, y caracterizado 
con una idea, difícilmente podia utilizarse yá. 

Pero varias personas, alas que profeso consideración y 
aprecio se acercaron á mí, y me pidieron que diera publi- 
cidad al (Irania rechazado (el mismo que se habían dignado 
leer), agregando, que si yo tenia algún inconveniente, les 
cediese el libreto. Así lo hice, deíeriendo á su ilustrada 
opinión; y por consiguiente, me cabe el placer de decir, 
que a la indicación de aquellas respetables personas debe 
esta pobre producción el honor de circular impresa, incli- 
nándose ante la censura pública. 

_ Montevideo, Diciembre de 1S61. 

•o 



LAGRIMAS Y JESUÍTAS. 

DRAMA ESCRITO EN VERSO Y REPARTIDO EN TRES ACTOS, 



POR 



mmi 



zmiám mmm ».) 



REPARTO, 



DOÑA MONICA 

TERESA 

MARÍA 

LONJINO Jesuíta. 

TRISTAN ídem. 

CLEMENTE 

DON LUCIANO Tutor. 

JUSTO 

JULIANA 

La acción en una sola casa. 

Montevideo 1S61. 



Casa de lujo. — Buenos muebles. — Dos cómodas con ropa y papeles. 
Puertas foro, y laterales. 



ESCENA I. 

Dona Monica y Don Luciano. 

Doña Monica. 

Vamos tratando por puntos. 
Le he mandado á V. llamar, 
porque deseo arreglar 
del todo nuestros asuntos. 
Cuando me cupo el dolor 
de perder á mi marido, 
á Vd. quedó conferido 
el encargo de tutor. 
Todos mis bienes y haciendas 
enteros, se le entregaron: 
en Vd. se delegaron, 
de su manejo, las riendas. 
Pero, como nunca dio, 

cuentas de la tutoría. 

llegó Don Luciano el dia, 
que deseo verlas 



Don Luciano. 



Dona Monica. 

Creo haber hablado 
de pleitos á la menor, 
y de otro gasto mayor 
del tal pleito originado; 
y ya se comprende bien, 
que habiendo tales sucesos; 
perjuicios. . . .en fin, escesos 
pueden ocurrir también, 
y poniendo en la balanza 
lo que Vd. ha manejado, 
quiero ver hacia qué lado 



Yo. 



Don Luciano. 

Señora! — esa desconfianza, 
en un hombre como yo, 
es ofensiva en estremo; 
y sepa Vd. que no temo. . . 

Dona Monica 

Sí, sí, .... no diré que nó; 
pero quiero á ciencia fija, 
de lo mió disponer; 

1 



— 10 — 



por que Vd. ha de saber, 

que pienso encasará mi hija. 

Don Luciano. 

(Ha mudado ropa vieja.) 

Dona Monica. 

Y Vd., sabe que hay medidas 

que tomar. encarecidas, 

que la prudencia aconseja. 
Así pues, me convendría, 
como ella, es mayor de edad, 

y por razón de equidad, 

suspender la tutoría. 
La ley claro lo señala: 
como es única heredera 
tiene su fortuna entera, 
libre de enredos de iguala. 

Don Luciano. 

Muy bien. ... no se necesita. . . . 
está demás que se diga. . . . 
(este es el fraile. . . . esa hormiga 
¡ ah malvado Jesuíta ! ) 
Pero ya señora mi a, 
que toca Vd. el asunto, 
sabrá Vd. punto por punto 
como está la tutoría. 
Sepa Vd. que su finado 
cuando los ojos cerró, 
entre mis manos dejó 
un patrimonio enredado. 

Doña Monica. 
¿Cómo así?. . . . 

Don Luciano. 
Bien aclarado 



entregaré lo existente, 

con el rédito corriente, 

y el capital subsanado 

eso es asunto concluido, 

y pues yá no hay minoría, 

entrego la tutoría, 

y quedo desentendido. 

Tendré ese recargo menos; 

porque yo no sé hasta cuando 

me he de estar perjudicando, 

por intereses ajenos. 

Los cuidados tan precisos 

de esa tarea engorrosa, 

no me han causado otra cosa 

que atraso en mis compromisos, 

pero en fin; puede esperar 

Teresita; porque ahora, 

Vd., comprende señora, 

que no es fácil chancelar. . . . 

Doña Monica. 

No creo que es tanto el arte 

de ese arreglo .... si se empieza . 

Don Luciano. 

Pues que se case Teresa, 
y que reciba una parte, 
yo no tengo inconveniente 
es suya. ... se la daré. . . . 
y después la cargaré 
en nuestra cuenta corriente, 
mañana mismo estará 
en sus manos el dinero; 
quince mil pesos, y espero. . - - 

Doña Monica. 

No; mas bien esperará 
y después arreglaremos, 
el rédito, y capital. 



— 11 



Don Luciano. 

Lo que es respecto al total, 
señora, no reñiremos. 



Doña Monica. 

¿Con qué podemos contar?. 

Don Luciano. 
Con el arreglo, señora. 

Doña Monica. 



¿Y en ello no habrá demora? 

Don Luciano. 
Mañana á mucho tardar. 

Doña Monica. 

Entonces, por terminado. 

El santo padre Lonjino, 

mañana irá con destino, 

á dejar todo arreglado. 

Son cosas que yo no entiendo; 

pero el padre, bien alcanza; 

tiene toda mi confianza 

ese santo reverendo. 

Con que, señor Don Luciano, 

quede Vd. en buena hora!-(üíwí¿s.) 

Don Luciano. 

A los pies de Vd. señora! 
Dios te ten^a de su mano. 
Es cosa que me ha pasmado, 
y me despierta sospecha, 
el ver en tan corta fecha 
lo que esta casa ha mudado. 



Desgraciada!. . . .tu vas sola 
á las tinieblas y amarras, 
que te preparan las garras 
de los hijos de Loyola! 
¡Cólera y revoluciones 
y fiebre tifus, son males 
son epidemias mortales 
que espantan á las naciones; 
pero hay mas calamidad 
mas pestes con llanto escritas 
se llaman: Los Jessilías 
terror de la humanidad. — (Mutis.) 

ESCENA II. 

Doña Monica, y Teresa {izquierda) 
— Doña Monica en traje de calle; 
como visten las beatas. 

Doña Monica. 

Queda guardando la casa 

mientras voy á la novena; 

y tú, trata de estar buena: 

es horrible lo que pasa, 

enfermarse en ocasión 

de seguir el novenario; 

pues yo haré lo necesario, 

por que tengas religión. 

Si viene el padre Tristan, 

recíbele con finura: 

con mansedumbre y dulzura 

en tus gestos y ademan. 

Cuidado con ío que digo, 

que es justo el comedimiento, 

y tendré gran sentimiento, 

en que se ofenda á un amigo-(mw£¿s.) 

Teresa (sola.) 

Yo no sé lo que me pasa; 
todo es reyertas malditas 



12 — 



desde que los Jesuítas 

han invadido esta casa. 

¿Qué se lia de hacer? . . y no es cosa 

de hablar nada del asunto; 

Dios nos libre; porque al punto 

se pone madre furiosa. 

ESCENA III. 

Teresa y Juliana. 

Juliana. 

Aquí está la señorita. 

Teresa. 

¿Qué traes de nuevo Juliana? 

Juliana. 

Que me encontré esta mañana 
con el padre Jesuita. 

Teresa. 

Y bien ? . y que? 

Juliana. 

Que empezó 
á averiguarme la vida: 
á decir que está perdida 
la sociedad. . . .que sé yó! 
pues no es nada lo que pasa; 
señorita, no es friolera, 
quería que le dijera 
quien entra y sale de casa. 
Como se llama el galán 
á quien la niña prefiere: 
si la señora le quiere; 
si no le despedirán. 



Si estuvo aquí Don Luciano 
y si habló con la señora; 
como: cuando; y á qué hora; 
si llevaba algo en la mano. 
En fin; cosas que no acierto. . . . 

Teresa. 

No es posible que así sea! 

Juliana. 

Señorita; que me vea 
tuerta y coja sino es cierto: 
todo es la pura verdad. . . . 

Teresa. 

¿Y tú qué has dicho? 

Juliana. 

Yo? nada! 

callada y mas que callada! 

Teresa. 

Pues buena curiosidad! 
no te quedes á escucharlo 
ni le hables de eso á mi madre 

Juliana. 

Como él, es un señor padre, 

yo tengo que respetarlo; 

pero suben la escalera, 

voy á ver quien es . . (medio mutis.) 



María — (de la puerta.) 



Teresa! 



13 



Teresa. 

Es Maria!. . . .Qué sorpresa! 

Juliana. 

Corriente!— Me voy á fuera- (mutis, ) 

ESCENA IV. 

Teresa y María. 

Teresa. 

Hoy no esperaba tenerte 
á mi lado, ¿ qué te trae ? 
esta visita me cae 
como del cielo. 

María. 

Por verte, 

y por conclusión, 

sabrás que me he revelado 

contra mi tia, que ha dado 

en hablar de religión. 



¿ Cómo así? 



Teresa. 



María. 



Toma, — perdida, 
está con la misa de ocho, 
y dice, que yo derrocho, 
y que malgasto la vida ; 
y tarde, noche y mañana 
quiere que esté en un rincón 
con pañuelo de algodón, 
y con vestido de indiana. 
Eso raya en fanatismo, 



y no está Montevideo 
tan atrasado, ni creo 
ver en eso el cristianismo. 
En vano es que tenga plata 
sino he de poder gozarla : 
pues ya no puedo aguantarla 
¡ vaya al demonio la beata ! 
Es capaz de sacar canas 
con sus consejos, la tia ; 
y hay sermón, amiga mia, 
casi todas las mañanas. 



Teresa. 



Calia María. ! 

María. 

Pues qué "? 

eso, muy poco me importa ; 
yo no tengo lengua corta, 
y he de hablar. 

Teresa. 

Yo bien lo sé ; 

pero hablemos con cuidado; 

porque sabrás que en el dia, 

oyen los sordos María, 

y los tiempos han cambiado, 

María. 

Es decir que tu también ? . . . 

Teresa. 



¡ Ay ! no ! 
Suspiros i 
Ay! sí! 



María 

Teresa. 



— 1-1 



si supieras — ay de mí 
soy muy desdichada!. 



Amen ! 



María. 



Teresa. 



María !. . . . si tu pudieras 
leer en mi alma desgarrada 
de mis penas penetrada 
tal vez, me compadecieras. 
Mi madre pasa rezando 
todo el tiempo de su vida 
y yo vivo deprimida 
desesperada. . . . llorando. 
Me ha mandado formalmente 
que sin causa, ni argumentos, 
despida sin miramientos, 
mañana mismo, á Clemente. 
Dice que es un libertino, 
que ofende á la religión, 
y asegura, que es MASÓN. 

Maeia. 

Ay Jesús ! . . . . que desatino. 
Cuando la masonería 
en la epidemia pasada, 
dejó por siempre gravada 
su inmortal filantropía ! 
No creas que olvida el cielo 
á esos hombres generosos, 
que fueron los mas piadosos 
ángeles del desconsuelo. 
¿ No los ves luchar valientes 
de la ilustración, cimiento, 
fundar á cada momento 
escuelas para indigentes ? 
¿ No los ves á cada hora 
vestir al desnudo, en tanto 
que van á enjugar el llanto 



del infortunio que llora? 
Muere un pobre sin dinero 
para pagar su atahud, 

y la casuista virtud 
lo arrojaría al carnero ; 
pero esos hombres humanos 
ante tan cruel villanía 
hicieron con mano pía 
panteón para sus hermanos. 
Esos al código humano 
rinden verdadero culto, 
y no dejan insepulto 
el cadáver de un cristiano. 

Teresa. 

Yo bien lo sé; pero escita 
la conciencia de mi madre, 
el trato de tanto padre. . . . 

María. 

Alzar la bandera hijita ! 
pero vengamos a cuentas ; 
si tu no amas á Clemente 
debe serte indiferente. 



¿ Amarle ? 

María. 

Vamos! .... no mientas. 

Teresa. 

Pues bien ; le aprecio ! 

María. 
Bobada ! 

desde luego que has llorado 
es caso mas que probado, 
de que estás enamorada. 



15 — 



Teresa. 

Eso no es prueba. ... la ofensa 
de despedirlo, me aflije. . . . 
y sin motivo. . . . 



No dije? 



María. 

Teresa. 



Y cuando menos lo piensa : 
eso es horrible. - - - ya ves 
en todo, el mundo se fija, 
¿ y quieres que no me aflija 
si esto dá que hablar después ? 
y es malísimo María 
dar conjeturas al mundo : 
lo primero ; y lo segundo, 
malo es que el mundo se ría. 

María. 

Cierto : es serio ; hablemos. 

Teresa. 
Sí; 

la palabra trae consuelos 
con la esplicacion, ay cielos ! 
de lo que se sufre aquí. 

María. 

Sufrir ! ¿ y por qué sufrir ? 

Teresa. 

Porque hay en mi alma ilusiones 

que mueren, transiciones 

que importan mas que el morir. 

Continuamente abatida 

paso las horas del dia : 

ah ! — tu no sabes María 



como vivo perseguida. 
Ya de mi amor el encanto 
cubrió con sus negras alas 
el imposible, y sus galas 
marchitas riega mi llanto. 
Sus santas inspiraciones 
y su célica poesía, 
todo lo veo María 
morir con mis ilusiones. 
Y á veces pasan flotantes 
al través de insomnio ardiente, 
rozando mi mustia frente 
con sus alas palpitantes ; 
visiones blancas y puras 
llenas de celeste encanto, 
que también riegan con llanto 
mi sueño y sus amarguras. 
1 Mi pobre madre alimenta 
lo que ni una madre alcanza, 
anonadar la esperanza 
en que mi amor se sustenta. 

María. 

Pero del tiempo al rigor 
atesorando dolores, 
verás al fin brotar flores 
de tu constancia y tu amor. 

Teresa. 

Si mi madre al verme amada 
bendijera mi existencia. . . . 
pero nada ! .... su conciencia 
se encuentra mistificada ; 
pero no hablemos de mí, 
mi alma triste y oprimida 
vá declinando abatida. . . . 

María. 

Es triste vivir asi ! . 



10 — 



Teresa 

Todo es el soplo inconstante 
del aura sobre las flores, 
que dá al pasar sus amores 
y las olvida al instante ; 
y yo vivo en la visión 
que en una noche de encanto 
pasa, y tendiendo su manto 
solo deja la ilusión. 

María. 

Pero hablemos en razón : 

francamente amiga mia ; 

3 t o, no sacrificaria 

por nadie mi corazón. 

Si mi madre me prohibiera 

ver al hombre que uno adora 

no digo un dia, una hora 

tal vez no lo consiguiera. 

¿Pues qué? — no hay mas que decir 

porque cómodo se halle 

¿plántelo V. en la calle! 

sin motivos que aducir? 

Cuando eran de nuestra edad 

en igual caso , ¡ cuidado ! 

hubieran alborotado 

contra tal iniquidad ! 

Si te rindes de ese modo, 

pronto te clavan el diente : 

sigue queriendo á Clemente 

Teresa, á Roma por todo. 

Teresa. 

Nó, María, la muger 
tiene ante todo, ese nombre 
que lleva digno ante el hombre 
y que es malo escarnecer. 
La dignidad es santuario 
donde la mujer se ampara ; 



no hay que empañar la luz clara 
de su asilo solitario, 
Si yo procediese así, 
daria que hablar al mundo, 
que con justicia, iracundo 
vendria a" ensañarse en mí. 
Profanado, escarnecido 
seria el refujio santo, 
donde yo llevo mi llanto 
del mundo desconocido. 

María. 

Si tu amaras como yo 
antes de esa iniquidad 
en abierta hostilidad 
te alzarías .... 

Teresa. 
Eso nó í 

porque mi madre es primero : 
no quiero darla tormentos; 
viviré en mis sufrimientos, 
y así convencerla espero, 
y cuando no halle consuelo 
en la tierra desolada, 
levantaré la mirada 
para pedírselo al cielo. 

María. 

Malo, malo! — El egoísmo 
vá invadiendo tu cabeza: 

ay!. los ejemplos, Teresa; 

tu caminas al abismo. 
En eso no participo 
de tus ideas ; son malas : 
nadie me corta las alas, 
soy del siglo ! me emancipo. 

Oye. tengo simpatía 

por un joven elegante, 

tu lo conoces bastante . = . . 



— 17 — 



Teresa. 

Dichosa de tí María. 

María. 

Pero es un hombre insufrible 
siempre alegre y atronado : 
su franqueza me ha chocado 
de una manera increíble. 
Te aseguro que entre cien 
no encontrará un compañero; 
es un trueno ; un pendenciero 
y hasta eso le sienta bien. 
Mira Teresa — detesto 
áesos entes infatuados, 
maricas almibarados 
desabridos en su gesto; 
que jamás abren ia boca 
sino para hablar sandeces, 
si es posible, estupideces. . . . 

Teresa. 

Calla Maria! ¡que loca! 

María. 

Son peores que una joroba, 
Teresa, no puedo verlos; 
me da gana de correrlos 
con el palo de la escoba, 
á mi me causa ilusión, 
uno de estas cualidades, 
que le diga diez verdades 
al gallo de la pasión ; 
la otra noche lo encontré 
en un té muy familiar 
y se trató de bailar, 
vino á invitarme; acepté 
ay Teresa!. — quien creyera! 



en medio de una cuadrilla 
dijo mostrando una silla, 
"baila Vd. mal compañera" 
— Es Vd. muy poco amable! 
— "Tengo causas muy fundadas 
para no sufrir pisadas." 

Teresa. 

Pero eso es insoportable! 

María. 

Me senté : y lo creerás tu, 
que sin anclarse con modos 
dijo, "saca Vd. los codos 
lo mismo que Ángel Pitou". 

Teresa. 
Pero Maria. . . .es horrible! 

María. 

Al contrario: encantador; 
para mí no hay cosa peor 
que un adulón insufrible. 
Desde esa noche ya nene 
en mí, lugar preferente; 
porque creo firmemente 
que es hombre que me conviene 
aprecio mas eso en Justo. . . . 

Teresa. 
Con que era Justo? 

María. 
Cabal! 

y en vez de encontrarle mal 
es el hombre de mi gusto 
con que ya sabes la historia, 
y fuera penas Teresa: 

2 



18 



echaá un laclo la tristeza 
y te hallaras en la gloria. 

ESCENA V. 

Dichos — Justo y Clemente. 

Justo. 

¿Qué: ¿no hay gente en esta casa? 

Clemente. 

Señoritas — {saludando.) 

Teresa. 

Ay ! — Clemente! {sorprendida.) 

María. 

Te busca seguramente 
para saber lo que pasa. 

Teresa. 

Tomen Vdes. asiento 

Justo. 

Aqui encontré un enemigo: 
la que se peleó conmigo 
mas brava que un regimiento. 

Clemente. 

Calla Justo y siéntate. 

Justo. 

No me puedo dominar, 

buena la íbamos á armar 

me escapo. . . . {mutis saludando.) 



Clemente. 

Aguarda ! — 

María y Teresa. 

Se fué !— 

Clemente. 

Disculpe V. señorita, 
Justino es un atronado. 



María — {con enfado.) 

Entiendo — .un niño mimado 
fué original la visita. 

Teresa. 



Sin embargo ; es el mejor 
corazón. . . . 

María. 

Pues tiene guerra 

huye de mi cielo y tierra : 

creo que me tiene horror. 

Adiós Teresa ! — Clemente 

advierta V. á su amigo, 

que no tema hablar conmigo. 

Clemente. 

Es V. muy indulgente. 

María. 

Adiós, hasta luego! mutis. 

Teresa. 

Adiós ! 



— 19 — 



ESCENA VI. 

♦ 

Teresa y Clemente. 



Teresa. 
Clemente ! — {con reserva.) 
Clemente. 



Teresa mia ! 

soy tan feliz á tu lado, 

que no siento, enamorado 

rodar las horas del dia. 

Cuando del mundo olvidados, 

unidos en lazo estrecho 

tu pecho, contra mi pecho 

mirándonos estasiados ; 

vuelan las horas, mi bien, 

y tu mirada tranquila 

busca dulce mi pupila 

tu frente sobre mi sien. 

Cuando el luciente cabello 

de ebras negras primorosas, 

se confunde entre las rosas 

y la nácar de tu cuello, 

y vá mi trémula mano; 

á jugar entre tus rizos: 

Teresa ! . — cuantos hechizos ! 

¡ cuan dulce inefable arcano ! 

y asi libre del dolor, 

y de su pena sombría, 

tú me das siempre alma mia 

la dulce paz de tu amor : 

pero Teresa ! desviada 

te encuentro de mi ternura : 



Teresa. 

¡ Ay ! no aumentes mi amargura 
Clemente !. . . . soy desgraciada. 

Clemente. 

¿ Pero que estraño dolor 
te puede asaltar asi ? 

Teresa. 

Huye Clemente de mí, 
soy indigna de tu amor. 

Clemente. 

¿ Esto es sueño, ó realidad ? 
¿ que profieres desdichada ? 

Teresa. 

Que me siento dominada 
de una estraüa voluntad. 
Una fuerza superior 
terrible, desconocida, 
viene á dejar destruida 
toda la paz de mi amor. 

Clemente. 

Pero ! acaba : quiero oirte ! 
¿ qué motiva ese desvío ? 

Teresa. 

Es en vano, amigo mió ; 
yo nada puedo decirte. 

Clemente. 

¿Nada? ¿nada?; pero di; 
me abandonas? 



— 20 



Teresa 

Te abandono ! 

Clemente — {cambiando.) 

Teresa. ... yo te perdono ; 
veo que no estás en tí. 

Teresa. 

Clemente : todo ha. concluido. 

Clemente. 

¿ Y el amcr que me lias jurado ? 

Teresa. 

Ha muerto sacrificado 
á un poder desconocido : 
que una lágrima doliente 
selle sus tristes despojos 

Clemente. 

No la verterán mis ojos 
traidora ! 

Teresa. 

Soy inocente ! 
Yá me ves fuerte al dolor; 
Clemente ; existencia mia! 
tan púdica como el dia 
en que me diste tu amor. 
Ya no volverán mis ojos 
en los tuyos á fijarse, 
y allí dolientes clavarse 
para calmar tus enojos- 
Clemente! — ya no tendrá 
placeres el alma mia, 



y el cáliz de mi alegría, 
en hiél, se convertirá. . . . 
pero no!, .vete al momento; 
es preciso separarnos. 

Clemente. 

(¿Quien ha venido á lanzarnos 
en este mar turbulento?) 
Bien Teresa. . . .volveré! 

Teresa. 

No vuelvas, no, es imposible 

Clemente. 

(Aqui hay un misterio horrible 
pues bien! — lo descubriré — mutis. 

Teresa (sola.) 

Ahora acabó mi misión, 

el mal, germinó su fruto; 

está cubierto de luto, 

por siempre, mi corazón — mutis. 

ESCENA VIL 



Tristan y Lonjino. 



De levita larga — aha cuello, y solí" 
deo, — Entran investigando, y mi- 
rando con desconfianza y de reojo, 

Lonjino. 

Será bueno investigar 
si alguien nos oye. . - - 



21 



TWSTAN. 

Íno hay nada ! 

esa puerta está cerrada 

LONJINO. 

Muy bien! — podemos hablar! 

Se sientan á la cstrema izquierda. 

¿Están prontos los recibo3 
de la suma convertida ? 

Teistax. 

Si padre ; y está estendida 
la donación intervivos. 

Lonjino, 

Por exacta relación 

del finado dueño de esto 

con quien pude hallar protesto 

para oirlo en confesión; 

he descubierto el camino 

de adquirirnos leg'&linemfe 

una fortuna escelente 

para un piadoso destino» 

Tristan. 

Todo eso lo debe á vos 
nuestra santa compañía; 
habéis hecho una obra pía, 
en. mayor gloria de Dios. 

Loiíjino. 

Si padre ; pero no es cosa 
de que entonéis el Jwssana, 
nunca hay seguro, un mañana 



cuando la obra es peligrosa. 
La tela esta bien urdida 
pero al cabo muy bien puede 
que la mosca no se enrede : 

Teístas. 

Ella ha de caer aturdida. 
D? Móniea es piadosa, 
es una santa muger 
ejemplar ; no puede ser 
mas humilde y religiosa. 

Lo::j:no. 

Tiempo há que gozo el favor 

de dirijir su conciencia, 

no cayó en impenitencia 

mientras fui su confesor. 

Esa vanidad mundana 

es para su alma sensible, 

el pecado mas terrible; 

— al fin será nuestra hermana ' 

pero hay dos casos premiosos 

de dos seres detestables, 

enemigos formidables, 

profanos, irreligiosos : 

la hija, próxima á heredar, 

y el pretendiente á la herencia. 

Tristan. 

Es un caso de conciencia, 
que es preciso meditar, 
cortar el mal de raiz, 
ó mas bien anonadarlo. 

Lonjino. 

O cuando menos echarlo 
de la casa, ó del país. 



— 22 — 



Teistan. 

Si se casa os evidente 
•que se anula lo pactado. 

Lonjino. 

¿Qué ha de heredar un malvado, 
que lia vivido impenitente ! 
La mayor gloria y renombre 
de la orden, venerada 
es reducir á la nada, 
hacer cadáver del hombre. 
Animo, astucia, obediencia, 
y entre nosotros, secreto ; 
paciencia, audacia, y prometo 
el triunfo sin resistencia. 
Union, silencio profundo, 
y asi todo se concilia : 
la orden es nuestra familia, 
y nuestra patria es el mundo; 
y sobre ese mundo asoma 
de pié sobre el Vaticano, 
y estiende su fuerte mano 
el General desde Boma. 
Ved hermano! — que nos mira, 

y es preciso trabajar 

avanzar, siempre avanzar 
con la fé que nos inspira. 
El poder espiritual 
no es solo nuestra ambición, 
debe estar la institución 
sobre el poder temporal : 
los tronos del viejo mundo 
ya medio contaminados, 
van cediendo dominados 
por nuestro poder fecundo. 
Procuremos ser eternos, 
absolutos, sí, tiranos ; 
debe estar en nuestras manos 
el poder de los gobiernos. 
La sociedad oprimida 



desde las mas altas sillas, 
debe caer de rodillas, 
por nosotros convertida. 
Toda regular fortuna 
que esté en una mano impía, 
se debe á la compañía, 
sin escepcion de ninguna. 
El oro se necesita, 
pues en gloria del Señor, 
se convierte en destructor 
de toda raza maldita. 
La compañía es estensa, 
porque en todas las naciones 
tiene ramificaciones 
de una proporción inmensa. 
Es preciso introducir 
en el seno del hogar, 
gente nuestra á trabajar 
con pretesto de servir. 
La palabra edificante 
que suene continuamente, 
para engañar fácilmente 
al pueblo, que es ignoraute. 
Plantear colegios conviene 
para atraerse las madres, 
los hermanos y los padres : 
la orden mucho lo previene. 
Y así la impiedad maldita, 
que nos espulsa y circunda, 
no arranca la raiz profunda 
del sistema Jesuíta. 
La discordia en el hogar 
siembra el obrero invisible, 
con la máxima infalible 
Dividir para rehuir. 
Sí, dívisiofi esjmntom 
entre la madre y la hija, 
y con astucia 'prolija 
entre el marido y la esposa. 
La vana filantropía 
es una farsa ; mentira! 
es el despecho, la ira 



de la impotente heregía. 

Odio profundo al Masón; 
que con instinto fecundo 
vá invadiendo todo el mundo 
con visos de religión. 
Lleva la paz, el consuelo 
á los que vé padecer : 
lo que debe solo hacer 
un delegado del cielo. 
Va á las puertas del dolor, 
consolando al aflijido: 
y eso solo es permitido 
á los siervos del señor. 
Eso raya en heregia 
pues perjudica á la iglesia; 
que acabe esa secta necia 
llamada Masonería: 
Quiere tener ella sola 
la paz del mundo sujeta: 
quiere arrancar la careta 
á los hombres de Loyola. 

Tristax. 

Mas que nunca es necesario 
al vulgo, que es obediente, 
provocar continuamente 
odio al sistema contrario; 
y hasta la publicidad, 
que sostenga esa doctrina 
como inspiración divina 
de nuestra comunidad 

Loxjino. 

En vano andamos errantes, 
y dispersos en la tierra 
el Jesuita no se arredra; 
sus esfuerzos son constantes. 
A pié con la cruz bendita 
cruza la arena abrasada, 
y al levantar la pisada 



surge un nuevo Jesuíta. 
Si pasáis la Pampa, y sola 
veis una cruz en el llano, 
alli la puso la mano, 
de algún hijo de Loyola. 
Con que asi, siervo de Dios, 
id con tino en esta empresa; 
porque ya sabéis que es esa 
la relio-ion de los dos. 
Esa joven es la piedra 
de escándalo, que advertimos; 

Tristax. 

La máxima que seguimos 
por nada de eso se arredra. 
Yo me encargo padre mió 
1 de esa oveja descarriada; 
pronto estará trasformada. 

Loxjixo. 

Pues bien; á vos la confio: 
ya sabéis: la confesión, 
siempre fué la mejor luz 
para la orden de Jesús. 

Teistan — {inclinándose.) 

Santísima institución. 

Lonjixo. 

Haced lo que mas os cuadre; 
pero, lo que es, entretanto, 
seguid el sistema santo 
de alejarla de la madre. 
Ya sabéis. . . .la regla es fija 
y ya veis con que humildad 
logré la facilidad 
de hacerla dudar de su hija. 
En cuanto al otro: ese impi^ 1 



24 



es ^rcciso anonadarlo: 
acabando de intrigarlo. 

Teísta n. 

Eso padre, cg cargo mío. 

LONJINO. 

Ln orden descansa en vos; 
ved que ese mozo mundano, 
quiere poner en su mano 
los intereses de Dios. 

Tristan. 

Lo dijo el gran fundador 
iodo miembro gangrenado 
debe ser pronto amputado 
para gloria del señor. 

LONJINO. 

Hoy es día de la entrega 
y el padre procurador, 
aun está con el temor 
de que Mónica se niega: 
es una gran cantidad 
de cien mil pesos saneados. 

Teistan. 

Otros recursos quitados 
de manos de la impiedad. 

LONJINO, 

Por mas que hagan los ímpios 

con sus intrigas odiosas, 

las personas religiosas 

siempre han de estar por los mios; 

ahora falta solamente 



que venga el tutor citado; 
para dejar arreglado 
el poder que esta pendiente; 
después yo saldré con él 
para acabar de arreglar: 
cutre tanto, liareis firmar 
á Mónica ese papel. 
Papel que me llevareis 
después con sumo cuidado 
pues que estáis interesado 
como hermano, bien sabéis 

pero vienen de ese lado .(foro.) 

es Mónica — prevenidos: 



ESCENA VIII. 



Dichos — Mónica. 



MONICA. 

Santos padres; bien venidos; 
que sea Dios alabado! 

LONJINO. 

Hija mia, estaba hablando 
de vuestro zelo piadoso 

TitISTAN. 

Ese es un ejemplo hermoso 
que os irá glorificando. 

Mónica. 

Padre, yo soy pecadora, 
y nunca estoy satisfecha, 
si en el dia no está hecha 
mi confesión salvadora. 



25 



Lonjino. 

Si hija; pensad en Dios; 
por que al bajar á la nada, 
sino vais purificada, 
ay! — quien pedirá por vos. 
En la existencia perdida, 
no debéis de lisongearos, 
ni pensar al acostaros 
que amaneceréis con vida. 
Cierra al pecado la puerta 
y refujiate en el cielo; 
teme el mas allá; en el suelo 
te olvidan después de muerta. 
Levanta tu pensamiento 
al que rige en la altura; 
aquí todo es amargura; 
el mundo es un sufrimiento. 
La vida mortal, sembrada 
está de espinas punzantes, 
de cruces mortificantes, 
de miserias coronada. 
Bien ; soportad esas cruces; 
domad vuestro cuerpo austero, 
y Dios, os dará lo espero, 
un raudal de santas luces. 
Despreciaos aunque o$ aprecien, 
pensad en la inmensa nada, 
y pedid á Dios postrada, 
que los (Lemas, os desprecien. 
Así seréis múgér fuerte, 
y en tanto estad persuadida, 
que el tránsito de la vida 
es una continua muerte. 
Cuando muráis para vos 
volved vuestra vista al cielo, 
y pensad como un consuelo 
que ya vivís para Dios. 
La religión se eterniza, 
pero el cuerpo pecador, 
ha dispuesto el Redentor, 
que sea polvo. . . . ceniza. 



Desvía tus enemigos, 
y teme su sorda guerra ; 
piensa infeliz que en la tierra 
yá no hay parientes ni amigos. 
Que nunca tu pecho guarde 
ninguna ilusión mundana: 
si mueres por la mañana, 
te olvidarán á la tarde. 

MÓXICA. 

Padre ; ya nada me arredra 
Dios es mi único consuelo ; 
me creo indigna del cielo, 
y no amo nada en la tierra : 
tengo una hija solamente. 

Lonjino. 

Decid mas bien, yo tenia, 
una hija. 

MÓNICA. 

Mas todavía. 

Lonjino. 

Es una hija impenitente ! 
el que se dedica al cielo, 
debe romper con sus manos 
todos los lazos humanos, 
que lo ligan en el suelo. 
Ruega y sufre muger fuerte, 
gime, y póstrate humillada ; 
cura tu alma lacerada 
pensando siempre en la muerte. 



MÓXICA. 



Ay padre mió. 
absolvedme! 



. he pecado 



LONJINO. 

No hay disculpa. 

Mónica. 

Padre mío !. . . . por mi culpa, 

pésame haber ocultado 

á mi hija la razón 

de despedir á Clemente. 

LONJINO. 

Ese asunto es concerniente 

tan solo á la religión : 

has hecho bien. - - - ¿y después? 

Mónica. 

Conozco haber olvidado 

la orden vuestra tan prolija 

de sacar mi pobre hija 

del camino del pecado ; 

y aunque me cause pesar 

debo decir padre mió, 

que me escucha con desvío : 

'no se quiere confesar. 

Me causa un pesar violento 

que se encuentre en tal estado, 

la pobre no ha frecuentado 

el principal sacramento. 

Su alma se está consumiendo 

en un fuego abominable: 

y yo soy la responsable ! 

¿ no es así mi reverendo ? 

Lonjino. 

Ciertamente, y si la dejas, 
se estraviará en la heregía ; 
porque el pastor hija mia 
responde de sus ovejas. 



MÓNICA. 

La gracia no le ha tocado, 
y debo rogar por ella : 
es desgraciada su estrella : 
¡ vivir siempre en el pecado í 

Lonjino. 

Hija mia ! — es dura cosa : 
es un incurable mal 
que no sea radical 
su educación religiosa. 
A vos está encomendado 
el tratar de ver hoy mismo, 
como salváis del abismo 
ese espíritu obcecado. 

Mónica. 

Padre mió : — eso me aflije. . . - 
no sé lo que debo hacer ! 

Lonjino. 

Pues bien; pronto ... es menester 
que hagáis lo ^ue antes os dije. 
La rebeldía es premiosa ; 
puede perderse en un tris : 
conducid á esa infeliz 
á urfa casa religiosa. 
Ateísmo. . . . iniquidad ; 
ved la causa desgraciada ; 
porque vá su alma arrastrada 
á la mas negra impiedad. 

Mónica. 

Ay padre ! pero ella tiene 
una cualidad cristiana : 
le dá socorros, humana, 
al primer pobre que viene. 



LüNJINO. 

No habléis mas, sin religión 
todas esas inocencias, 
son mentidas apariencias 
de un perverso corazón. 
Guia el demonio su vida, 
ningún poder se lo impide ; 
el enemigo reside 
en toda alma endurecida ; 
y es fácil que os contamine. 

MÓNICA. 

Hija mia ! — yo ferviente 
ruego á Dios continuamente 
porque la fé la ilumine. 

Lonjino. 

Ya os lo dije santa amiga, 

cuando os indiqué la huella ; 

fuisteis débil para ella, 

y Dios en ella os castiga. 

Preciso es que os separéis 

de ese germen de maldad, 

sin consagrar su impiedad 

amándola como hacéis. 

Si hay un miembro gangrenado, 

que dé consecuencia impura, 

manda la santa Escritura 

que sea pronto cortado. 

Ño se puede abandonar 

en perdición espantosa, 

á esa alma, que hay imperiosa 

necesidad de salvar. 

Una santa reclusión 

y el ausilio religioso : 

recogimiento piadoso 

le traerá la redención. 

En un terrible momento 

la mano invisible y fija 



de Dios, cae sobre esa hija 
y.... un fin.... puede ser violento. 
Solo él guarda la equidad 
al decretar nuestra muerte, 
y si muere de esa suerte 
vá impía, á la eternidad. 

MÓNICA 

Basta padre : estoy resuelta ; 
que el Señor se satisfaga : 
no hay sacrificio que no haga 
hasta ver á mi hija absuelta. 
Yo viviré en un rincón 
no le hago falta ninguna ; 

o o 7 

disponed de mi fortuna 
y dadle la salvación. 
Todo lo cedo gustosa ; 
y pues sois mi apoderado 
lo dejo á vuestro cuidado ; 
haced á mi hija dichosa. 

Lonjino. 

Sois una santa, hija mia, 
y vuestra vida ejemplar, 
desde hoy nos hace esperar 
que estéis con la compañía. 

MÓNICA. 

¿ Yo padre en la Compañía ? 

¡ Cómo podía esperarlo ! 

jamás me atreví á pensarlo 

que tal gloria alcanzaría. 

¡ Yo santa, santa gloriosa ! 

¡ Cómo pude esperar tanto ! 

Dejad que el hábito santo 

bese con fé religiosa! [media acción') 

¡ Yo vuestra hermana afiliada 

con luces que no imagino! 

¡ Yo en el misterio divino 



28 



beáticamente iniciada ! 

►Sí, sí;. otra vez ; por piedad, 

bendecidme padre niio ! 
temo que un santo desvio 
me lleve ú la eternidad. 

Lonjino (á Tristan.) 

En servicio del Señól- 
es preciso trabajar 

Dividir para reinar. 

Tristan (con hipocresía.) 

Gloria escelsa al fundador 

La donación intervivos (con papeles.) 



ESCENA IX. 
Dichos. Teresa, Julián y D Lii 

CIANO. 

TERESA, (izquierda.) 
Los sectarios del terror. 

Julián. 
Sonora, llegó el tutor. 

MÓNICA. 

Que entre I 

Lonjino (á Tristan.) 
Aprontad los recibos. 

D. Luciano (entrando) 
iWi Jesuíta Lonjino. . . * l 



y piensa apoderarlo ! 
esto acaba á no dudarlo 
en un negocio Leonino. 
Servidor !.... me lie demorado.... 



No importa. 



MÓNICA. 



Lonjino. 



Seguramente. 

Si viene todo corriente 

pronto queda despachado» 

Mónica. 

Vamos pues ; pasad señores 
ahí dentro trabajaremos : 

Lonjino. 

Es preciso que arreglemos 
antes, varios pormenores. 

Mónica. 

Conforme — Si D. Luciano 
quiere demorarse atento. . - - 
vamos pues. 

Lonjino. 

Pronto ! 

Tristan. 

Al momento. 

D. Luciano. 

(Dios te tenga de su mano.) 



ÍÜ — 



ESCENA X. 



Teresa y D. Luciano. 



D. Luciano. 

La PIADOSA COMPAÑÍA 
para su gloria y provecho ; 
á pesar de mi despecho 
me quita la tutoría. 
Si se han de llevar la herencia 
también participaré ; 
tengo una idea, que á fe, 
me descarga la conciencia. 
¿ Y qué tal vá señorita 
el asunto casamiento ? 

Teresa. 

No hay nada por el momento 

D. Luciano» 

(Intrigas del Jesuíta) , 
porque según su mamá 
cuando se me subrogó. . . . 

Teresa. 

Sí, creo que se pensó 
en casarme : asi será. 

D. Luciano 

Y es muy justo Teresita; 
ya la edad está pidiendo 



Teresa. 



¡Don Luciano! 



Don Luciano. 

Yo me entiendo 
y mas, siendo Vd. bonita. 
Que no le causen rubor 
estas consideraciones, 
es el tiempo de ilusiones 
en que campea el amor. . . . 
(que estarán haciendo dentro 
esas dos piezas rayadas) .... 

Teresa. 

Un poquito exageradas 
sus opiniones encuentro. 

Don Luciano. 

Pues créame Vd., que yo 
cuando sus años tenia, 
en ilusiones vivía 
casi siempre. . . . 



ESCENA XI. 

Dichos — Tristan. 

Tristan» 

Ya firmó. . . . {guardando yápeles.) 
allí dentro se le espera 
á Vd. señor Don Luciano. 

Don Luciano. 

Voy corriendo si (villano). (mutis) 

Teresa — (con sobresalto.) 

Ay! — Si Clemente viniera. . . , 

o 



30 — 



ESCENA XII. 

Teresa, Tristan. 

Tristan. 

(Diosmio! — ¿por que has lanzado 

á mi paso esta criatura? 

para. . . .causar mi tortura; 

para tentarme al pecado) 

hija mia. . . .la obediencia 

es deber muy señalado, 

y tu madre me ha encargado 

de dirigir tu conciencia. 

El estado contumaz 

en que te hallas al presente 

aleja completamente 

de tu alma, la santa paz. 

Pronto veras concluida 

tu poca fé en este mundo: 

(haremos su mal profundo 

removiéndole la herida.) 

No te ciegue ilusión vana 

y piensa que es muy probable 

que en la vida deleznable 

tal vez, no existas mañana. 

Toda la fé es ilusoria 

cuando parte del pecado; 

si mueres, queda borrado 

tu nombre, de la memoria. 

Teresa. 
Padre! — no quiero pensar. 

Tristan. 
Sí, mejor es, hija mia! 

Teresa. 
Porque tal vez moriría 



de desaliento y pesar. 
Las penas que estoy sufriendo 
y violentan mi existencia, 
me muestran con evidencia 
que voy de dolor muriendo. 

Tristan. 

Sí pobre niña, confiesa 
que te han muerto la ilusión: 
pues. - - -yo tengo corazón. . . . 
yo también amo Teresa. 
En mi no se halla estin£uido 
aquel incendio voraz 
vive; y se desborda audaz 
por el mundo comprimido. 

Teresa. 

¿Que dice este hombre? — Señor! 
que profiere vuestro labio? 
tal ofensa!. . . .tanto agravio!. . . . 
tal cinismo causa horror! 
¿Como ministro del cielo 
de un Dios justo delegado 
venis á rodar mezclado 
en las pasiones del suelo? 
refrenad la lengua impía; 
esc usad vergüenza tanta, 
vuestra palabra me espanta 
y también vuestra osadía! 

Tristan. 

No importa; me ciega un velo. 
y sufre mi corazón; 
porque hay en él intuición 
de los misterios del cielo. 
En vano un deber sagrado 
lucha en mí, porque te olvide; 
nó! — Dios mismo me lo impida 
tocando el pecho ulcerado. 



— 31 — 



Todo, mi fe" te lo inmola; 
tiembla sí, débil muger, 
no conoces el poder 
de un sectario de Loyola. 
Poder grandioso Teresa, 
que tiene al mundo sujeto: 
poder que avanza en secreto 
su noble erguida cabeza: 
poder que todo hará trizas 
en las sombras confundido 
que cuando se cree estinguido 
renace de sus cenizas; 
poder cuyo fuerte brazo 
incontrastable. . . -iracundo, 
vá midiendo el poder del mundo 
para siempre en el ocaso. . . . 
pues bien Teresa. - - -yo puedo 
poner todo eso á tus pies. . . . 
piénsalo bien. . . .una vez. . . . 



Teresa. 



Basta señor! 

Tristan. 

Te concedo 

un mes; si es posible un año. . . . 

seré humilde; resignado. . . . 

Teresa. 

Salid pronto, hombre malvado! 

Tristan — [con hipocresía.) 

Acepto mi desengaño. 

Teresa — {con energía). 

Pues bien; escucha un momento 
mal hermano de Loyola, 



que tan vilmente se inmola 
á un indigno pensamiento: 
yo que no soy iniciada 
en misterios religiosos 
ni en los resortes odiosos 
de tu secta reprobada: 
yo, sí, que prodigo el bien 
con la humildad mas sincera, 
y ni pregunto siquiera 
para dar limosna, "¿í quien": 
yo que no vivo entregada 
al maceramiento diario; 
ni llevo al confesonario 
la conciencia adulterada: 
Yo, que no invoco cual vos, 
con horrible hipocresía 
á todas horas del dia 
el santo nombre de Dios : 
yo, te voto al deshonor, 
y antes de oirte siquiera, 
es mas seguro que muera 
de indignación y de horror. 

Tristan (juntando las manos.) 

Perdón — un dolor profundo 
me grita — "te son agenas 
todas las horas serenas 
de la ventura del mundo:" 
es frájil mi alma mortal, 
y hasta perder el aliento, 
debo sufrir el tormento 
de esa estorsion infernal. 
Me espanta mi soledad, 
si Teresa. . . . escúchame ! 
reconozco que seré 
j uzgado .... en la eternidad í 

Teresa [cayendo en una silla). 

Ved señor que me obligáis 
á despediros de aquí. . . . 



Tristan. 

En vano te será mi vista odiosa, 
y mi súplica triste desdeñada : 
hasta en mi cruel afrenta rigorosa, 
siento doblarse mi alma resignada. 
Cual brama el mar en sus caberaas 

(1 ion das, 
y alza entre espuma la gigante 

(trente, 
cual si hasta el cielo, con crispa- 
dlas ondas, 
tocar quisiera en su furor potente, 
la melena de espuma sacudiendo 
con fragoso estrépito indignada; 
y la base del mundo conmoviendo 
contra el Creador del inundo reve- 
lada : 
así en mi pecho, que ajitado siento, 
por el poder de destructor amago; 
crece mi fé, y con jigante aliento 
dobla mi vida á su potente estrago. 
¿Quieres Teresa tu desdén legarme, 
y anonadarme con desprecio frió ? 
Es en vano; no puedes arrancarme 
esa grata visión del sueño mió ! 

Teresa, {con Indignación y de pié) 

Salid ! que bastante calma 
he tenido al escucharos ! 



Tristan. 

(Sálvate alma.) 

ESCENA XI II. 

dichos Clemente, (foro.) 
Clemente. 



Ahora caiaro. 



¡ira de Dios! 



IRISTAN. 

Perdonad ! — no debí hablaros. . . 

Teeesa. Adiós! 

Salid pronto ! 

FIN DEL PRIMER ACTO. 



Tristan. 

Oh!. . . .me pierdo 

(huye dejando caer papeles.) 

Teresa. (Cayendo sin sentido.) 

¡ Huye Clemente ! 

Clemente. 

Papeles! — un espediente ! 

{levantándolo.) 
Teresa ! 

ESCENA XIV. 

Dichos. Dona Monica. 



Doña Montca. (de pié en la 

puerta izquierda. 
Hijamia ! 

Clemente. 



La misma decoración. 



ESCENA I. 

Dona Monica. Teeesa. 

Mónica. 

Es mi espresa voluntad; 
y además, quiero salvarme: 
tu no debes acarrearme 
tal responsabilidad. 
Soy una mujer cristiana 
y vivo dssesperada, 
porque te encuentro arraigada 
en una vida mundana. 
Quiero dar cuenta al Señor 
de mis pasos en la tierra: 
desgraciado del que cierra 
su conciencia al redentor. 
Hija; por Dios te lo pido; 
miramé con compasión; 
tu alma vá á la perdición 
por un camino torcido. 
Sí, muy pronto la otra vida 
'iie llamará de este suelo: 
no quieras llenar de duelo 
las horas de mi partida. 



Prométeme cariñosa 

que irás á una reclusión 

á buscar la religión 

en la educación piadosa. 

La inexorable conciencia 

al recorrer mis delitos, 

me está repitiendo á gritos: 

" — tu pierdes á la inocencia" — 

En fin. lo espero de tí 

si rehusas obsecada 

vivirá mortificada; 

ya no habrá paz para mí. 

Teresa. 

Madre, escúchame con calma, 
y ten siempre en la memoria, 
que á toda dicha ilusoria 
prefiero la paz de tu alma. 
El mundo no me es propicio 
mucho mas, si tu padeces: 
santa madre! — lo mereces, 
haré por tí el sacrificio. 
Es en vano que te diga 
que aquí hay misterio horrible, 
que es una mano invisible 

4 



— 34 — 



la que inhumana te obliga. 
Solo tenia tus brazos 
para ocultar mis pesares; 
los tengo madre á millares 
al hacer mi amor pedazos. 
Todo lo que me has pedido 
he concedido gustosa: 
hija obediente, amorosa 
con placer he obedecido, 
y tu has podido juzgarlo; 
ahora pido solamente 
me des tiempo suficiente 
para poder meditarlo. 

MÓNICA. 

Hija mia! — te has salvado 
y asi, me salvas á mí : 
¿ qué tiempo es, Teresa, di 
el tiempo solicitado V 

Teresa. 

Bien madre; tu misma ves 
que yo no soy exigente : 
me bastará solamente, 
para meditarlo. ... un mes, 

Móxica. 

Hija ! — amparo de mi suerte, 
aureola de mi contento : 
ya no irá el remordimiento 
hasta mi lecho de muerte. 
Yo soy débil, mi Teresa, 
y tengo un santo temor. . . . 
un religioso dolor 
debilita mi cabeza. . . . 
Bien, hija mia, te dejo, 
me llaman mis devociones 
á rezar mis oraciones ; 
hasta luego. . . .( mutis). 



Teresa. 

Triste espejo : 
Amorosa y siempre unida 
la corta familia mia, 
tranquilila y feliz vivía 
lejos de la adversidad ; 
jamás penetró el hogar 
después de tan largos años, 
la hiél de los desengaños, 
que trae la fatalidad. 



ESCENA II. 



Teresa y María. 



Teresa ! 



María. 



Teresa. 



(No hay que llevar 
ante el mundo indiferente 
la perspectiva doliente 
de las penas del hogar.) 

María. 

Como estás? — vengo esta vez 
á que hablemos sobre Justo : 

Teresa. 

Trataré de darte gusto : 
me muero de languidez. 

María. 

Y yo de rabia, Teresa : 
ese hombre es aturdido, 
y casi me ha convencido 
que es de muy mala cabeza.- 



y ó 



Teresa. 

Es el mejor corazón 

que conozco ; es escelente : 

su esquivez es aparente ; 

tiene buena educación ; 

y si llegas á tratarle, 

por mas que estés prevenida 

has de quedar persuadida 

y llegarás á estimarle. 

Donde le ves tal altivo, 

tan aparente orgulloso, 

es muy franco y bondadoso, 

corazón inofensivo. 

Tu sabes que tengo alguna 

razón, para conocerlo. 

María. 

Pues. ! Clemente ha de ponerlo 

por los cuernos de la luna. 

Pero no creas que tiene 

para mí nada de raro : 

¿ quieres que te hable mas claro? 

pues ese hombre me conviene ; 

me conviene, y me amará 

Teresa, te- lo aseguro, 

el decirlo es algo duro. — 

ya se domesticará. 

¿Pero sabes que estoy viendo 

que en tu interior algo pasa ? 

(de seguro en esta casa 

cosas están sucediendo). 

Teresa. 

No lo imajines querida ; 
pensaba en este momento 
en cambio de alo] amiento 
á casa mas reducida. 
Tu ves que no se concilia 
el tren de este caserón, 



y su vana ostentasion 
con tan pequeña familia. 
Se gasta todos los di as, 
y se gasta inútilmente ; 
vamos á entrar formalmente 
por, todo en economías. 
Mi madre quiere tener 
vida modesta, es muy justo ; 
yo soy su hija, le doy gusto, 
pues le debo obedecer, 

Aun mas. hizo juramento 

y lo vamos á cumplir ; 
trabajar para vivir 
con mucho reeojimiento. 
Ea todo soy complaciente, 
pues ya nada me es propicio 
desde que hice el sacrificio 
de despedir á Clemente. 

María. 

Teresa 1 — ¿ qué estás diciendo ? 
¿ has despedido á Clemente ? 

Teresa. 

Sí, María, exactamente ; 
lo mismo que estás oyendo. 

María. 

Teresa ! — lo he comprendido, 

al fin caigo de mis siete, 

y te digo sin rivete 

que tu jamás has querido. 

¿ Sabes lo que es el amor ? 

el hálito mas valiente 

que ha imprimido intensamente 

en nuestro pecho el Criador. 

El amor baja á un abismo, 

sube al cráter de un volcán, 

todo lo atrae con su imán, 



30 — 



se reproduce á sí mismo. 

El amor está en la cumbre 

de las pasiones humanas, 

y con sus leyes tiranas 

destierra la incertidumbre. 

El amor fuerte y fecundo 

con tan soberanas leyes, 

decapitando los reyes, 

vuelca los tronos del mundo. 

El conmueve el equilibrio 

de las altas sociedades: 

bija á las profundidades 

de la abyección. ... el ludibrio. 

Es el sentimiento rey 

de todos los sentimientos, 

sienta nobles fundamentos 

en medio á la humana grey 

Ciega al hombre en sus pasiones 

lo domina; lo avasalla, 

hasta que al fin su alma estalla 

en las heroicas acciones. 

El amor es tan valiente, 

que ejerce un poder tirano 

mientras el hálito humano: 

vive en el pecho latente. 

Tan intensa es su virtud, 

que se encuentra adulterado, 

distinto, mistificado 

hasta en la decrepitud. 

Se encuentra allí convertido 

declinando con la vida; 

pero alza la frente erguida 

y jamás cae estinguido. 

Está en ebseno supremo 

santísimo de María: 

está en la misma agonía, 

en el suspiro postremo. 

Está eterno é invisible, 

y en distintos caracteres, 

impreso en todos los seres 

donde hay vida perceptible. 

Está en el mar, en la flor. 



en la misma roca inerte; 

y al pasar, la misma muerte 

deja rastro del amor. 

Y si te vas á postrar 

ante una tumba mañana, 

verás que la cruz cristiana 

dejó el amor al placer. 

Eso es amar, y hay indicio 

de tu proceder, querida, 

que no has de ir con frente erguida 

y alma fuerte al sacrificio. 

Teresa. 

Conozco la exactitud, 
pero, tras su llama ardiente 
vá aquella virgen doliente 
que se llama — La virtud 
y aquel amor impetuoso 
ardiente, joven, volcánico, 
rinde su instinto satánico 
de rodillas respetuoso. . . . 
pero alguien llega; es Justino 
que viene á cada momento. 

María. 

Veremos si es desatento 
(lo trataremos con tino) 



ESCENA III. 

Dichas, y Justo. 

Justo. 

¡Ay Señorita! — por Dios» 
es fatalidad muy rara 
que en cuanto vuelvo la cara 
he de tropezar con vos. 



María. 

Fatalidad necesaria 
si asi lo dispone el cielo: 
mi misión será en el suelo 
ser su sombra involuntaria. 

Justo. 

Mil gracias! — es increíble; 
esa es la sombra de Banco 
(pues pienso dejarte en blanco). 

María, a Teresa. 

Este hombre es insufrible. 

Teresa. 

María, me voy, pues quiero , 
que le conozcas á fondo 
es buen joven; te respondo: 
hasta después caballero. (mutis, 

ESCENA IV. 

María y Justo. 

María. 

Es un caso orijinal 
en V. mi buen amigo, 
que cuando baila conmigo, 
encuentre que lo Wago mal. 

Justo. 
Sí, — no muy bien que digamos. 

María. 
¿V. ve, pues? 



Ya lo veo- 



JüSTO. 



María. 



Pero es que V. según creo 
baila muy bien. . . . 

Justo. 

Distingamos ! 
No he podido analizarme, 
pues cuando voy á reuniones, 
me sobran muchas razones 
para dejar de estudiarme; 

en fin, en otra ocasión. 

podremos hablar de mí (medio mutis) 



María. 

V. no se irá de aquí 

sin darme una esplicacion. 

Justo. 

(Zape! — ahora me alza el gallo) 
¿y sobre qué, la intentona? 

María. 

Las pido de mi persona 

Justo. 

(Soy un babieca si callo: 

es muy linda.. .aunque no quiero...) 

María. 

¿Qué dice V. de mi traje? 



„_ Oi 



Justo. 

Que es una onda de encaje. 

Mama. 
¡Gracias á Dios caballero ! 

Justo. 

Francamente: la otra noche 
me hizo V. un efecto horrible; 
me dio un pisotón terrible, 
y me arañó con un broche. 
Se destemplaron mis dientes, 
y mi sistema nervioso 
tuvo un ataque furioso. 

María. 

(Ahora sabré si mientes) 

Justo. 

(La ocasión la pintan calva, 
y no me pesa la cruz, 
para apagarle la luz 
á este lucero del alba) 
Tuve un momento malvado 
sin cumplimiento señora 
tanto, que mas de una hora, 
permaneci espeluznado. 

María. 

Este hombre es abominable; 
pero eso no se soporta; 
caballero! — qué me importa 
ese genio detestable ? 

Justo. 

Pues es claro: yo conozco 



que no hay nada de importancia* 

María 

Bien! — hablemos en sustancia 
¡qué gusto de hacer el Oseo ! 

Justo. 

Pero en fin. . . .en conclusión 
(quien sabe como saldré) 

María. 

Pues bien! — lo detesto á usted. . 
pero hablemos en razón. 

Justo. 

¡Buea modo de razonar i 
pues hablemos ! 

María. 

Pues hablemos ! 

y asi nos entenderemos. 

Justo. 
(A donde vendrá á parar.) 

María. 
V. me trata cruelmente. 

Justo. 

Señorita. . . .no he tenido. . . . 
es que soy un aturdido 
lo confieso francamente. 
Yo cruelmente señorita 
allí — no tendría disculpa 



— 39 



en no decirle el mea culpa 
ú una niña tan bonita. 

María. 

Propongo una condición 
fácil de aceptarse. 



Sí- 



Justo. 

María. 
No se burle V. de mí. 

Justo. 
También tiene usted razón. 

María. 

Y ya no debe inducirse 

si bailo, y de qué manera. — 

Justo. 

¡ Como anjel Pitou!. . . .friolera! 
lo cierto debe decirse ! 

María. 

Los seres no son completos, 

y en cuanto á mi. . . .V. vé. . . . 

Justo. 

Eso le parece á usted 
nadie mira sus defectos. 
Nadie dice la verdad; 
por eso usted no me quiere: 
el que se aflije se muere, 
no lo tomo á novedad. 
Sin andar con etiquetas 



si todos cual yo pensaran. 

de seguro que no hallaran 

donde cortar las coquetas. 

Yo llamo á todas las cosas 

por su nombre verdadero, 

detesto al que es lisonjero 

y huyo de las vanidosas. 

Unos dejan la mujer 

por admirar el dinero; 

y yo, por el mundo entero, 

no me dejo corromper. 

Otros con calculo atento 

la plata esclusivamente, 

jente hay que por plata miente, 

pero yo por nada miento. 

Si usted no fuese heredera 

de un patrimonio seguro, 

Señorita! — se lo juro 

tal vez otra cosa fuera. 

Pero con toda franqueza 

se lo debo declarar, 

que en fuerza de oir hablar 

de su fortuna y belleza: 

que se llama V. — María 

que es divina, celestial 

un ser sobrenatural, 

y se habla — ¡una profecía ! 

Ya me han puesto en el estado 

de mirarla á V. con miedo, 

y tengo todo ese enredo 

en la nuez atravezado. 

Con que quedamos ilesos 

si me deja declarar, 

que usted no sabe bailar 

aunque tenga cien mil pesos. 

María. 

Bien, convengo: }^a eso es algo. 

Justo. 
Comente, y punto concluido 



40 



(esta se busca marido) 

ya puedes echarme un galgo) 

María. 

(Ya cambia. . . .no me engañé) 
bien Justo desde este dia, 
merece. . . .mas simpatía. - . - 

Justo, (con pedantería) 

Está bien. — lo pensaré. 

María. (con enfado.) 

Caballero! — distingamos ! 

Justo. 

¿Y bien ? y qué ? 

María. 

Que no hay modo 

de entendernos — eso es todo 

Justo, 

Pues está bien. 

María. 

Concluyamos. (mutis) 

Justo, (solo.) 

Creo que hice un disparate, 
soy un gandul atronado, 
aquí me dejó plantado 
como un cartel de remate. 
Yo debo arreglarlo todo; 
esta mujer me prefiere, 



y hasta creo queme quiere, 

se le conoce en el modo. 

Yo no sé hacerme ilusión, 

y á juzgar por lo que pasa 

debo meterme en su casa, 

y hasta pedirle perdón. 

Perdón! — nó! — mas quien me mete 

á tirarla de galante 

con j ente tan retumbante 

y de tan alto copete ! 



ESCENA V. 

Justo, Clemente. 

Justo. (á Clemente.) 

Me vienes perfectamente 
eres un imbécil .... 

Clemente. 



;Yo! 



Justo. 



Sí; no me digas que nó 
lo digo redondamonte, 
anoche hablé con Teresa 
y he descubierto la trama. 
¿ no conoces que no te ama 
papanatas ? . — 



Clemente. 



No me pesa. 



Justo. 



Tienes ideas famosas, 
y tu calma es insufrible; 



41 — 



Clemente. 

Y tú, una calma terrible 
para interpretar las cosas. 

Justo. 

Infeliz ! — no te hace caso, 
ni le importa de tí un bledo. 

Clemente. 

Es natural ; yo no puedo 
cubrir de flores su paso ! 

Justo. 

I Con qué lo conoces; éh ? 

Clemente. 

Demasiado. 

Y todavía 

suspiras por vida mía! 

sino te ama. 



Bien lo sé. 



Clemente. 



Justo. 



Mira si son caprichosas 
las mujeres; pero ámí... 
no hace mucho dije aquí 
á María cuatro cosas. 
vas á saberlo — entré yo, 
y creyendo anonadarme 
se dio vuelta sin mirarme 
y la miré, y me miró. 
Yo me porté de manera 



que hablé cien barbaridades, 
pues ; le dije las verdades, 
y acabó por pelotera. 
En fin, me dijo con ira 
que soy un mozo atronado, 
y me habia equivocado 
que me detesta — mentira. 
Y sabes lo que se infiere 
de toda esa zinguizarra, 
que la muger es chicharra, 
que chilla, hasta que se muere. 

Clemente. 

Justo, no hables disparates. 

Justo. 

Es cierto ; si bien lo digo 

que al fin han de dar conmigo 

en una casa de Orates. 

Pero que haces ahí 

torturando el pensamiento ? 

echa esas penas al viento, 

no te mates, hombre así. 

Pues ha dado en buena idea 

el tal mozo testarudo ; 

esa es la ley del embudo, 

tu sufres, y ella gallea. 

Te daré un consejo honrado, 

mas.no hay consejo prudente 

que cuadre á un hombre demente, 

es decir — enamorado. 

Echa el amor á rodar ; 

lo que la muger encierra 

no vale un terrón de tierra, 

ni es cosa de pestañear. 

Déjate pues de poesía, 

no te andes con nimiedades ; 

se rompen las amistades 

y abur chica — hasta otro dia. 

No sabes que la muger 

6 



— Í2 — 



es esclava del capricho, 
y que nunca está á lo dicho, 
ni á lo que sostuvo ayer. 
Y si llora sus deslices, 
y ella vé tu sentimiento, 
de seguro, á sotavei.to 
te lleva por las narices. 

Clemente. 

Justino, estás profanando 
toda una fé seductora ; 
yo bien sé que elle me adora, 
y se lo pasa llorando. 
Me vienes á dar consejo, 
digno de tu desatino, 
déjame pensar, Justino, 
que yo desbarrar te dejo. 

Justo. 

Pues entonces que te aqueja 
Clemente ! — si ya sin brio, 
ni siquiera — el pico es mió 
decir, Teresa te deja. 

Clemente. 

Di Justino lo que quieras, 
todo me es indiferente. 

Justo. 

Hombre, si eres tan prudente, 
y de tan buenas maneras, 
que me duele sermonearte ; 
pero es duro — ¡ vive el cielo ! 
que yo no encuentre un consuelo 
que consiga conformarte. 
Escucha ! tengo una idea : 
hazte Clemente escritor, 
tienes talento y amor, 



todo lo que se desea. 
Ya sabes las condiciones 
de un escritor en el dia: 
mucho aplomo, sangre fría, 
y andar buscando ocasiones. 
Saber hacerse invisible 
cuando convenga ocultarse, 
y á veces rarificarse, 
como el aire, si es posible. 
En permanente ejercicio 
tener la imajinacion ; 
penetrar de sopetón 
en los reparos del vicio. 
Observador concienzudo 
debe mirar estasiado 
lo que Dios solo ha formado, 
y el hombre formar no pudo. 
Bajo este punto de vista, 
la noche azul y plateada, 
arrastra casi arrobada 
el alma de un libretista. 
La callada majestad 
del mar que ondula tranquilo ; 
ó cosas por el estilo, 
Dios, el caos. ... la eternidad ! 
Algo que guarde armonía 
con el alma del poeta, 
que lucha, afana y se inquieta 
bebiendo sabiduría. 
Y aunque hay escritores ruines 
que no saben lo que es alma, 
. y que confiesan con calma 
que escriben con malos fines. . . 

Clemente. 

Cuando alumbrará aquel dia 
que no hables disparatando ! 

Justo 

Sabrás que estoy terminando 



mi ano de filosofía ! (saca nn libreto). 
Oye en mis tesis lo que hablo. 

Clemente. 

Está bien, guarda ese tomo. 

Justo. 

Esto dicho con aplomo 
hará un efecto del diablo. 

Clemente. 

Está bien, es menester 
que me dejes un momento. 

Justo. 

Eso es ; sin cumplimiento, 
te espero luego á comer, (mutis) 



ESCENA VI. 



Clemente y después Teresa. 

Clemente. 

Es un escelente amigo : 
¿ pero dónde está Teresa c í 
por ese mala cabeza 
no sale á verse conmigo ; 
pero viene. 

Teresa. 

¿ Vas á hablarme 
de un asunto tan reciente ? 
todo es en vano Clemente, 
é inútil mortificarme. 



Es cosa determinada, 

y aunque me cueste la vida 

estoy firme y decidida 

Clemente. 

Estás muy equivocada. 

Vengo á decirte que encuentro 

la medida razonable. 

No hay equilibrio probable 

sino gravita en su centro. 

No estoy resuelto á matarme 

porque me dejes y olvides; 

no Teresa, no te cuides 

de si he de mortificarme. 

Me gusta dejar las cosas 

como ellas quieren estar : 

Dios me libre de turbar 

tus prácticas religiosas. 

Ya he visto que tu conciencia 

la dirije un Jesuita : 

que hemos de hacer Teresita.... 

sufrir y tener paciencia. 

Casa donde entra sotana, 

Teresa mia, está cierta, 

que cuando entre por la puerta, 

yo salto por la ventana. 

Y si hemos de hablar en plata, 

no quiero llevar porrazos, 

ni menos disciplinazos, 

ni andar á salto de mata. 

Solo venia á avisarte, 

por lo que mucho interesa, 

que yo volveré Teresa 

siempre que tenga que hablarte. 

No á entretenerme en misterios, 

ni en amorosos caprichos, 

que ya están mil veces dichos, 

sino en asuntos muy serios. 

No te apures — .es en vano; 

estoy de tu amor tranquilo, 

y aun cuando se corte el hilo, 



tu fortuna está en mi mano 
si, tu fortuna — ¿lo entiendes? 
no puedo decirte mas. 

Teresa. 

Pero. — al fin. acabarás ? 

Clemente. 

Es inútil: no comprendes, 
sigue sumisa, obediente 
haciendo el gusto á tu madre: 
confiésate con e! padre 
Jesuita. en fin. . . . 

Teresa. 

¡Clemente! 

no sigas hablando mas 

de esa manera ofensiva, 

te guardo fé positiva 

al fin lo conocerás. 

No puedo confiarte nada, 

lo he prometido: he jurado. 

Clemente. 

Sí, no caigas en pecado. 



1ERESA. 



Piensa que soy desgraciada, 
haces muy mal de abusar 
de mi triste situación, 
si tienes la convicción 
que nunca te he de olvidar. 
Entre tanto, yo no puedo 
darte mas esplicaciones 
mis hechos serán razones. . . 



U — 

( ¡LEMENTE. 

Sí; ya estoy en el curtido 

Teresa. 

Bueno, Clemente, consiento 
en verte cuando lo quieras; 
pero vete, que si esperas 
no tarda madre un momento. 

Clemente. 

Con qué queda convenido? 

Teresa. 

Convenido; pero vete. 

Clemente. 

(Bueno, el asunto promete) mutis» 

Teresa. 

Adiós Clemente querido ! 
Juliana ! 



Juliana. 



Voy señorita. 



ESCENA VIL 

Teresa t Juliana „ 

Teresa. 

Siempre que venga Clemente 
hazlo entrar secretamente, 
sino hay nadie de visita. 



— 45 — 



Juliana. 

Por la puerta del Jardín. 

Teresa. 

Es inútil que hables de esto, 
y bajo ningún pretesto. 

Juliana. 

¡Se armaría un San-quintin ! 
tras que ya la situación 
se vá haciendo tan pesada ! 
niña; estoy acobardada 
de tanta averiguación. 
Ya me sirve de gobierno 
y mas bien quiero callarme 
que mentir y condenarme 
para arder en el infierno. 

Teresa* 

Juliana !— que desatino. 

Juliana. 

Sí ; no hay que hacerse ilusión, 

esa es la misma opinión 

del señor padre Lonjino. (mutis) 

ESCENA VIII. 

Teresa y D^ Mónica. 

Mónica. 

I No ha venido el confesor ? 



Teresa, 



No madre* 



MÓNICA* 

Mucho ha tardado, 
andará el pobre ocapado 
en servicio del Señor ; 
es tan piadoso su celo, 
que no piensa en otra cosa 
mas que, con su fé piadosa 
dirijir almas al cielo. 
¡Como estallará su gozo 
cuando sepa con sorpresa, 
que tu has cambiado Teresa 
ele un modo tan milagroso I 
Ahí le tienes. . . . déjame 
sola con él, te lo pido. 

Teresa. 

Bien madre. — {mutis) 

ESCENA IX. 

D:~ Mónica y Lonjino. 

Lonjino. 

Creo que he sido 
moroso ; perdóname 
hija, mis atenciones. 

Mónica. 

De eso mismo estaba hablando 
con Teresa, y alabando 
vuestras santas intenciones. 
Padre mió ! gran victoria ! 
ya está todo conseguido : 
Teresa se ha convertido. . . - 

Lonjino. 

Vá en camino de la gloria J 



— 4ü 



poro no hagas hija mia 

méritos de cosa justa, 

ninguna, alma, recta, adusta 

tiene escesos de alegría. 

No hay que alzar la voz profana 

que ofenda á la religión, 

porque vá la salvación 

De toda alma cristiana. 

Al contrario, tu debías 

humildemente postrada 

dar gracias, porque salvada 

será de sus herejías. . . . 

¿ y cuando piensa efectuarlo ? 

Mónica. 

Yo no lo sé ciertamente, 
pero pide únicamente 
un mes para meditarlo. 

Lonjino. 

Corriente, que sea un mes, 

y cuanto mas lo retarde, 

que mas penitencia aguarde, 

pues mas pecadora es. 

El no pensar es mejor 

sino poner su destino 

PARA APRENDER EL CAMINO 

en manos de un superior. 

La regla lo manda asi ; 

NO SE DEBE DISCURRIR ; 

piensa tan solo en morir, 

QUE HAY QUIEN DISCURRA POR TI. 

Que te sirva de consuelo 
el dolor mas incesante, 
que si eres perseverante 
ganarás mas pronto el cielo. 

Mónica. 

Gran ventaja debe ser 



el vivir en la obediencia : 
mas tranquila es la conciencia 
limitada á obedecer. 
Nadie lo puede dudar, 
que en un religioso apuro 
es sin duda mas seguro 
obedecer que mandar. 

Lonjino. 

La escritura se lo dice 

á todo ser pecador, 

que nació para el dolor, 

y el llanto mas infelice. 

— Ay Señor! — dadme paciencia; 

déjame solo hija mia: 

he pasado todo el dia 

en un caso de conciencia. 

Mónica 

Bien padre; podéis quedar 
solo, para recojeros (muda) 



Lonjino. (solo.) 



Imbécil! — nuestros obreros 
nunca deben descansar. 
Pero Tristan tarda mucho 
y se llevó los papeles; 
es hombre de los mas fieles 
y en negocios está ducho. . . . 
esta tardanza!. . . .no sé. . . . 
como esplicarla. no atino. . . 



Don Luciano. (foro.) 



El és. — el fraile Lonjino. 



i? 



ESCENA X. 

Lonjino, Don Lnciano. 

Lonjino. 

Don Luciano!. . . . 

Don Luciano. 



Lo atrapé! 



Lonjino. 



Me sorprende lo que pasa, 
y como yo no me engaño, 
Señor mió! — mucho estraño 
ver á V. en esta casa. 

Luciano. 

Sí. - . .pues á mí no me causa 
la mas mínima sorpresa. 

Lonjino. 

(Buen empeño se atraviesa.) 

D. Luciano. 

(Procederemos con pausa.) 

Lonjino. 

Repito que me sorprende 
encontrarle á V. aquí. 

D. Luciano. 

¿ Le parece á V. así ? 
eso vá según se entiende ; 
pues yo encuentro esta visita 
Demasiado disculpable; 



diré mas, indispensable 
para quien la necesita. 

Lonjino. 

¿Qué quiere Vd. ¡ vive Dios ! 

Don Luciano. 

Cuando vengo, me parece, 
que alguna cosa se ofrece 
de interés para los dos. 

Lonjino. 

Niego la comunidad 
de semejante interés. 

Don Luciano. 

Eso se verá después 
todo es la oportunidad. 

Lonjino. 

No me concierne en nada 
sus asuntos caballero: 
los desconozco, y espero 
ver la entrevista acabada. 
Los mios, perfectamente 
están muy bien arreglados 
muy libres y destacados 
de todos, por consiguiente; 
ya vé Vd. que no me pierdo 
Señor, Don Indispensable, 
y que es mas que muy probable 
que estemos en desacuerdo. 

Don Luciano. 

No trato de preocuparme 
con sus descargos, verá 



— 48 — 



que nada me costará 
en poco tiempo esplicarmej 
y probaré que el asunto 
es mas serio, si se atina, 
de lo que Vd. se imajina. 

Lonjino. 

Pues dígalo Vd. al punto. 

Don Luciano. 

Despacio. vamos por suertes: 

quiero que en plazos iguales, 
me firme Vd. cuatro vales 
de quince mil pesos fuertes. 
Con el plazo pagadero, 
de dos años, que á su abono 
por mi parte, le perdono 
el rédito del dinero. 

Lonjino. 

¡Este hombre está demente ! 

Don Luciano. 

Qué!. padre mió.. ..por dónde? 

saldo, que me corresponde 
de aquella cuenta corriente, 
pues; de aquella transacion 
de la testamentaría: 
aquella, que Vd. quería 
engullirse de rondón: 
el completo de la iguala 
que al retirarme el poder, 
no quiso reconocer. . . . 

Lonjino. 



está muy bien chancelada; 
yo no debo á nadie nada 
tocante á la tutoría. , 
La iguala se le pagó 
eso es notorio, es un hecho, 
y Vd. no tiene derecho 
ni puede decir que nó. 
Y sírvale á Vd. de norma 
desde hoy en lo sucesivo, 
que conservo su recibo 
y los papeles en forma. 
Lo que administro y poseo, 
es todo bien adquirido 
eso es notorio y sabido 
por todo Montevideo, 
del pleito que Vd. siguió 
tengo expediente completo, 
1 y no será Vd. sujeto 
de negar lo que firmó; 
si señor, las diligencias 
en autos autorizado: 
está Vd. bien regalado 
y pago con preeminencias. 

Don Luciano. 

Pero es que en el espediente 
no figura un papelito; 

pues. un documentito 

que puede clavar el diente. 
El que sabré conservar, 
para cbancelar mi cuenta: 
un pacto de reetro vcjita 
que nos debe interesar, 
cuya firma es conocida 
por demás. . . . 



Lonjino. 



. .la ganga no era mala. 



Pues. 

Esta testamentaría 



Y bien?. . . .y qué? 



— 49 



Don Luciano. 
Al caso!. . . .me esplicaré. 

LOxNJINO. 

(¡Sanguijuela maldecida) 

D. Luciano. 

Puede pasar el papel 
á manos hábiles, tales ! 
á títulos tan legales 
supongamos. . . . como aquel 
que conocemos, y al fin 
«i nos pegan en el ojo, 
puede aclararse el despojo 
y armarnos un San Quintín 
por la legal heredera 
de esta familia. 

Lonjino. 

He de verlo ! 

D. Luciano. 

Y pueden á V. meterlo 
en una cárcel ; friolera ! 

Lonjino. 

Ese papel ya no existe, 
y si existe, buen cuidado 
de tenerlo sepultado 
tendrá V. mismo. . . . 

D. Luciano. 
Consiste 

que en el asunto en cuestión, 
por honra, provecho y gloria, 
y como cosa accesoria 



tomé participación : 
quedó V. en posesión 
del haber de tutoría; 
y V. vé, no es culpa mia 
semejante espoliacion. 

, Ahora sucede otra cosa, 
saco el papel del bolsillo, 
y revuelvo el caramillo 
de una manera horrorosa. 
Lo entrego á los herederos, 
y V. temiendo el barullo 
devuelve lo que no es suyo, 
ó antes que andemos con -peros 
pasa á la casa central 
á pernear con mil amores 
por estafar á menores, 
y ese es asunto formal ; 

1 con que padre , cuentas claras, 
y puede apretarse el gorro, 
porque sino larga el forro 
nos hemos de ver las caras. 



Cómo ! 



Lonjino. 



D. Luciano. 



Es inútil andar 
con vanas esclamaciones. 
la mejor de las razones 
es tratarnos de arreglar. 

Lonjino. 

Yo soy un hombre de bien, 
ni siquiera es presumible 
que medie arreglo posible, 
y sobre todo, ¡ con quién ! 
(con un charlatán de fondas, 
tramoyista majadero ; 
con un simple aventurero 
de pluma y de trapisondas.) 

6 



>0 — 



Luciano. 

Será bueno examinar 
con detención estas cosas. 
poique de puro vidriosas, 
padre, se pueden quebrar. 

LüNJINO. 

Soy un sacerdote honrado. 
toda mi vida lo he sido, 
y V. está conocido, 
y muy desacreditado. 

D. Luciano. 

Vea V. que se motiva 
barullo, y tendremos grita : 
vamos, una miradita 
un poco retrospectiva. 

Lonjino. 

(Ya prevendré yo los males 
de un embrollón redomado : 
de un bribón acostumbrado 
á andar en los tribunales.) 
Ya que se habla de despojo 
y pues la cosa va seria, 
por salir de la miseria 
V. no se anduvo flojo. 
Ya sabemos sus primores : 
cuando su padre murió 
de tutor se le dejó 
de sus hermanos menores. 
Muy honrado fué primero, 
y después de la apariencia, 
dispuso V. de la herencia, 
y jiro con el dinero. 
Cuando al fin llegó el afán 
de repartirse las rentas, 
les presentó V. las cuentas, 



pues, las del Gran ("apilan. 

El reparto fué arreglado, 

negando entre mil cuestiones 

CUARENTA MIL PATACÓN ES 

que les había... iBMirpxulo. 

Sus hermanos despojados, 

huyendo el pleito ruidoso 

de litijio escandaloso 

se dieron por.... cEiaiiccIado* : 

y en esa cuestión presente 

mas tarde, ya sabe, que 

traicionó la buena fe 

de esta honrada y buena gente. 

El pobre padre al morir 

su hija le encomendó, 

y muy confiado pensó 

"le dejó con que vivir." 

Pero, tocó los estrenaos 

el negocio ¡ah Don Luciano! 

si yo no acudo temprano ! . . . . 
ya vé que nos conocemos. 



D. Luciano. 

Y pues al corriente estamos 
en asuntos tan formales, 

vamos firme V. los vales, 

bueno es que nos entendamos. 
Mitad de lo que ha tomado 
á esa familia, y fecho, 
diremos, á lo hecho pecho, 
quedando del otro lado. 

Lonjino. 

¿ Cómo pudo imajinarse 

que yo firme? ¡qué impudencia'. 

D. Luciano. 

Es un caso de conciencia 
que merece meditarse. 



51 



LONJINO. 

Niego el hecho, y no consiento 
en cederle ni un centavo. 

D. Luciano. 

Vaya : está visto que al cabo 
pondré enjuego el documento. 

Lonjino. 

Haga con él lo que quiera. 

D. Luciano. 

¿ Con qué no firma? 

LONJINO. 

lío quiero. 

D. Lociano. 

Corriente ! — adiós ! 

Lonjino. 
Caballero ! 
¿ se vá V.? 

D. Luciano. 

Como V. quiera . 
¿hay algo? 

Lonjino, 

Lo pensaré. 

D. Luciano. 

Eso ya es algo ; corriente : 



yo no soy muy exigente ; 
,1 qué plazo precisa usted 
para pensarlo. . . . 

Lonjino. 

¿ Qué apuro ? 

solo preciso un momento 

muéstreme. — ese documento. . . . 

D. Luciano. 

¡ Oh ! .... lo tengo bien seguro, 
V. mismo está pensando 
que documentos tan fieles, 
y esa clase de papeles {mirando la 

{cómoda.) 
no pueden andar volando. 

Lonjino. 

Pues bien; me conformaré 
si me presenta ese pliego. . . . 

Don Luciano. 

( Estará en mis manos luego ) 

Lonjino. 

Y después. ... lo pensaré. 

Don Luciano, 

Tiene V. para peusarlo 
dos dias .... es suficiente ? 

Lonjino. 

Y yo doy únicamente 
uno; para presentarlo. 



■y¿ 



Don Luciano. 

Yo no me creo aplazado 
por lo que está en mi poder 
¡ las letras ! . . . . ó puede ser 
que andemos por el tejado. 
las letras. . . .acabaremos? (con pa~ 

peles.) 
Lonjino. 

El documento he pedido 

Don Luciano. 
Este es asunto concluido, 

Lonjino. 
Lo veremos ! 

Don Luciano. 



Nos veremos 



( mutis. ) 



Lonjino (solo.) 



El papel debe existir 
aquí en esos documentos 
de la casa, que momentos 
antes me vino á exijir. 
Si él lo tiene, y he firmado 
no hay duda que soy perdido; 
mas ¡ ay de él ! si por olvido 
me lo entregó descuidado: 
no lo tiene, es muy seguro; 
porque al fin de la entrevista, 
ie vi dirijir la vista 
á esa cómoda en su apuro. 
En la entrega y confusión 
que hizo de la tutoría, 
soltó la prenda, y quería, 
sorprender; ¡vana ilusión ! 



Imbécil, con sus recibos 

y toda su algaravía: 

ya tiene la Compañía 

la donación ínter vivos. (mutis) 



ESCENA XI. 



Teresa y Juliana . 

Teresa. 

Ya lo sabes, desde hoy, 
á quien venga á visitarme 
sin tener que preguntarme 
respóndele, que no estoy. 
Solo Maria y Justino 
tienen como siempre entrada 
para ellos no está cerrada 
mi puerta. 

Juliana. 

Ya lo imajino. 

Teresa. 

Cuando venga Don Luciano 
que quiere en secreto hablarme 
irás corriendo á avisarme. 

Juliana. 

No ha de dar consejo sano 
si el santo padre Lonjino 
confesor de la señora 
no hubiese ocurrido ahora. 

Teresa. 

No digas un desatino 



Juliana. 

Cuando el confesor habló 
de la entrega de la herencia 
con una gran diferencia, 
dice que la recibió. 
Pues era la cosa seria, 
y á no haberlo despedido 
iba á dejar el bandido 
la familia en la miseria. 
Pues se iba armando una buena 
pero, es verdad señorita 
su mamá me necesita; 
creo que vá á la novena. 

Teresa. 

Sí, puedes irte Juliana 
no te detengas. 

Juliana. 

Ya vuelo. (mutis.) 



Teresa (sola.) 



Y yo quedo sin consuelo 

pensando siempre en mañana, 

¿Cómo podría salvarme 

del gran mal que me amenaza ? 

Madre! — me arrojas de casa, 

trabajas por enclaustarme. 

¿Cómo tener religión 

al cambiar así de estado ? 

nunca fué tan anhelado 

el mundo á mi corazón. 

Ligarme con santos lazos, 

y arrojarme del hogar 

cuando debia esperar 

madre, morir en tus brazos!. . . . 



ESCENA XII. 

Teresa y Tristax. 

Tristax. 

(Ella está allí, si Dios mió, 
tu bien sabes cuanto diera 
porque esta muger dijera 
al fin, yo t3 amo Tristan. 

Teresa. 

Quien me tenderá su mano 

cuando vacile mi frente . 

solo una vida doliente 
me espera, de negro afán. 
¡El! — fatalidad funesta me persigue 
este hombre me intimida, me hor- 
roriza, 
un estraño poder me magnetiza, 
y su mirada por do quier me sigue.) 

Tristax. 

Yo vuelvo á tí Teresa arrepentido, 
Dios puso á prueba mi alma peca- 
dora ; 
mi corazón se reveló atrevido, 
la prueba fué terrible. . . . escruta- 
dora. 
Tiende Teresa á ese pasado un 

(manto, 
piensa que Dios mi corazón inspira, 
y no busques en mí mas que ese 

(llanto, 
que bajo el manto del dolor suspira. 
Eres Teresa el ángel del consuelo, 
que vela el sueño de mi ser doliente; 
ya nada veo al través del cielo 
mas que la aureola de tu casta 

(frente. 



— 54 



Teresa. 

Padre ! — yo tiemblo cuando escu- 
(cho atenta 
vuestra palabra, profanar mi oido : 
en vano pretendéis labrarmi afrenta 
no; no está mi corazón envilecido. 
Aun conserva sus sueños de ven- 
tura, 
su santo fuego se conserva ileso; 
está lleno de amor y de ternura, 
por un hombre que causa mi em- 
beleso. 
Se nutre mi alma con pasión tan 

(fuerte, 

que está llena de ese hombre mi 

(memoria; 

y creo que si le amo hasta mi 

(muerte, 
su mismo amor me llevará á la 

(gloria. 
Sus alas santas me darán amparo : 
seré dichosa con amarlo al menos: 
¡vela Dios mió! por un ser tan caro: 
prodígale sin fin dias serenos ! 
¿ cómo no amarle ?. . . . 

Tristan. 

Por piedad, señora ! . . . . 

Teresa. 

Sí, Dios, escucha mi plegaria ar- 
diente. . . . 



Tristan. 



No : Dios no escucha al que pro- 
(fano imple - ! 



Teresa. 

Dios no autoriza vuestro amor de- 
mente ! 

vuestra misión, Señor, aquí en el 

(mundo 

es predicar el bien. . . .la caridad, 

y penetral*, en el reparo inmundo 

de las miserias de la sociedad. 

Allí podéis diseminar el fruto; 

allí podéis, al infortunio amar; 

no traer el llanto, la miseria, el luto, 

ni dividir los miembros del hogar. 

No es vuestro encargo religioso pa 

(dre- 

dejar en pos de vuestro paso el 

(llanto; 

no es dividir, á la hija de la madre; 

no, Dios no pide sacrificio tanto. 

Tristan. 

Basta muger rebelde y obsecada, 
basta, basta, criatura endurecida; 
mañana, sí, me pedirás postrada, 
tu perdón, vacilante, arrepentida.... 
Tiembla!... sí! — Dios te puso en mi 

camino 
y él te arroja sin duda al sacrificio, 
pues bien ; se cumplirá tu cruel 

(destino; 
no tardará en la tierra tu suplicio. 

Teresa. 

Lo espero padre mió resignada 
no será mi suplicio dilatado; 
pronto, la sociedad desesperada, 
os habrá conocido, y espulsado. 
Entonces sí, su yugo quebrantando 
la familia Oriental la frente ir- 

( uniendo 



de su iglesia tus formas arrojando, 
la jesúitica potestad rompiendo: 
el' dogma santo, y verdadero al- 
eando; 
al Dios bueno, y eterno bendicien- 
do 
alargará sus brazos maternales 
á dignos sacerdotes Orientales, (mu- 

{üs) 
Tristan. (solo) 

Se fué. . . . criatura obsecada 

el amor desesperado 

de un ateo, de un malvado 

la tiene fanatizada. 

Pues bien, los dos rendirán 

su culto al poder supremo; 

poder que irá hasta el estremo 

de que se odien. . . .¡se odiarán! 

ESCENA XIII. 

Tristan, Lonjino. 

LONJINO. 

Y bien?. los papeles? 

(tocándole el hombro.) 

Tristan. 

\ ¡ ¡Sí! !!.... (confundido, con terror) 
los papeles!. — 

Lonjino. 



¿Dónde están? 
mi amado hermano Tristan? 
1 habéis pecado ante mí, 
El servicio general 



de toda la compañía 
ya no permite en el dia 



una falta tan formal. 
La Santa Sede Romana 
de que humilde siervo soy, 
ordena que se haga hoy 
lo que ha de hacerse mañana, 
Yo sirvo al Catolicismo 
y lo sirvo con esmero; 
los papeles; porque quiero 
escribir á Boma hoy mismo. 

Tristan. 

Padre. . . .tiemblo de temor 

y me acuso del pecado; 

¡padre! . . .se me han. . . estraviado 

os lo digo con horror ! 

Lonjino. 

Cómo?. . . .qué? hermano mío! 

estáis en hora menguada; 
con la conciencia ofuscada: 
creo que habláis de estravío ! 

Tristan. 

Perdidos están perdidos 

es un hecho, y con dolor, 
me acuso, á mi superior. . . , 

Lonjino. (conjurar) 

¿Qué llega hasta mis oidos ? 
¿has perdido los papeles ? 
desdichado — se me asoma, 
tu vil cadáver en Roma 
undido en mazmorras crueles. 
Cuenta tus horas de vida, 
que ya se acabo tu cruz. 
Tu vida será una luz 
ignorada, y estinguida. 
La inecsorable venganza 



irá tras de tu indolencia, 
cuando vaya tu ecsistencia 

á pesarse en la balanza. 

La infamia, y el deshonor 

te esperan, triste de tí, 

querías servir así 

intereses del Señor"? 

pero cómo ? — ¿ cuando? ¿ dónde 

has perdido el documento? 

¿á qué hora. . . .en qué momento? 

¡ responde infeliz, responde ! 



Tristan. 
Aquí mismo, donde estoy. 

LONJINO. 

¿ : Aquí, aquí, en esta pieza? 

Tristan. 
Sí, confesando á Teresa. 

Lonjino. 
Cuando ha sido?. . . . ayer, ú hoy? 

Tristan. 
Ayer, padre! 

LONJINO. 

Corre al punto 

á ese mueble (Señalando una có- 
moda.) 



Tkistax. 

La violencia ! (con espanto) 

Lonjino. 



Tiembla ruin, per tu ecsistencia 

si hablas mas, eres difunto. (Sa- 
cando un puñal.) 
(Los dos Jesuítas se arrojan ú las 
dos cómodas, y rejistran con gran 
priesa sacando ropa y papeles.) 

ESCENA XIV. 

Dichos. D. Luciano (aparece en la 
puerta del Joro.) 

D. Luciano. 

¡ Oh ! — (cerrando la puerta y apo- 
llándose con los brazos abiertos.) 

Tristan. 

Don Luciano — (de espaldas á la có- 
moda y tapando el crimen con el 
cuerpo y los brazos abiertos.) 

Lonjino. 

Traidor! — (la misma acción de Tris- 
tan.) 

D. Luciano. 

Llegué tarde ; son ligeros ; 
Que dos humildes obreros 
DE LA VINA DEL SEÑOR ! 



FIN DEL SEGUNDO ACTO- 



ACTO TERCERO. 



Casa pobre; muebles pobres, una mesa de costura con dos sidas, candelero con 
luz. — Costuras sobre la mesa. — Una cómoda usada. — En uno de sus cajo- 
nes, un panudo de rebozo de seda negro. — Puertas en el foro y laterales. — 
Doña Ménica y Teresa sentadas cosiendo. — Juliana cerca de ellas, sen- 
tada en una silla baja. 



ESCENA I. 

D?- Mónica, Teresa y Juliana. 

Mónica. 

Para mí, es un sacrificio 
el moverme de mi pieza; 
me vacila la cabeza. . . . 
yo temo perder el juicio. 

Teresa. 

Es preciso madre mia 
que trates de moderarte; 
porque, ¿á qué fin confesarle 
una, y dos veces al dia ? 

Mónica. 

El pecado está en el suelo 
y yo debo confesarme; 
porque no quiero estraviarme 
en el camino del cielo. 



La frájil criatura humana 
en la cierta destrucción 
debe obtener su perdón 
sin esperar á mañana. 
Así es hija, que pesando 
sobre mi conciencia un caso, 
debo declararte un paso 
que di, y te estoy ocultando, 
Yo creo haberte ofendido; 
pero también hija mia, 
pensaba que á Dios servia. . . . 

Teresa. 

Calla, madre;. ... te lo pido 

MÓNICA 

Sí, sí. después hablaremos 

de lo que he de revelarte; 
no quiero mortificarte, 
entre tanto, coseremos. 
Vendrán mañana á buscar 
el trabajo; está atrasado 

yo. casi no he trabajado; 

es preciso trasnochar. 



Teresa. 

No temas madre; es en vano, 
yo coseré en tu aposento 
mientras duermes un momento 
y acabaremos temprano. 

MÓNICA. 

Nó, si ya estoy descansada; 
solo lo siento por tí, 
que sufres tanto por mí 
cuando eres tan delicada, 

Teresa. 

Es preciso tener calma 

voluntad, y resistir; 

porque de verte sufrir 

me vas desgarrando el alma, 

Madre, tengamos valor 

esto no debe durar; 

porque es preciso contar 

con la piedad del Señor. 

Sí madre, trabajaremos 

mientras tengamos aliento: 

yo no descanso un momento; 

Dios es muy bueno—esperemos. 

Te aseguro madre mia 

que me tuvo disgustada, 

terriblemente alarmada 

tu delirio, el otro dia. 

Y mientras tu confesor 

no te abandonó un momento 

yo velaba en tu aposento, 

y rezaba con fervor. 

MÓNICA. 

Mis penas son consiguientes; 
mi egoísmo el mal te trajo, 
¡vivir tu de tu trabajo 



hija de padres pudientes ! 
Ha sido una voluntad 
que se debia cumplir, 
malogrando un porvenir 
lleno de felicidad. 

Teresa, 

Madre, Dios nos mirará 
como á tantos desgraciados! 
¿no viven ellos amados? 
Sí; Dios nos ayudará. 

.. Moni c a. 

Cuando tu padre murió 
quedé en el mundo contigo, 
y el mismo que creia amigo 
fué quien mas lo traicionó. 
No tenia en mi viudez 
quien se interesara en mi; 
pensaba Teresa en tí, 
miraba por tu interés. 
Mientras tu menor edad, 
el tutor que ya no tienes, 
iba poniendo mis bienes, 
en triste calamidad. 
Temiendo un mal resultado 
quise proceder con tino; 
y hoy mi Confesor Lonjino 
es de todo apoderado, 
á él confío nuestra suerte; 
pero tengo horror profundo 
de abandonarte en el mundo 
cuando me alcance la muerte, 
Yo moriría dichosa 
si fueras en tu horfandad, 
hermana de Caridad 
ó reclusa religiosa. 
Las tentaciones del mundo 
conducen á suerte rara, 
y el enemigo no para 



hija mía, ni un segundo. 
Naturaleza abatida, 
á mi fin, yo sé que toco: 
á mi edad resisten poco 
ios órganos de ia vida. 

Teresa. 

¡ Oh madre!— no hables así; 
es un doloroso empeño. . . „ 
escucha — he tenido un sueño, 
y pensaba madre en tí. 



MÓNICA. 

Pero .... es muy triste? 

Teresa. 

Si hablara 

y el sueño se realizara ! 

Mónica. 

¿Cómo lo guardas, despierta ? 

Teresa. 

Si tu no has de entristecerte 
} T me prometes. . . . 

MÓNICA. 

Prometo 

tener ánimo completo 

y tratar de convencerte, 

Teresa. 

Pues bien; ha pasado el tiempo 
v nosotros trabajando 



¡9 — 

continuamente, y luchando 
con angustia y contratiempo 
Clemente desapareció, 
y ya no le vimos mas. . 

Mónica. 

Siempre Clemente ! 

Teresa. 

Verás 

después lo que sucedió, 
en la ausencia de Clemente 
madre mia. . . .lloré mucho. 



Mónica. 

(Aun le ama cielos.. ..que escucho. 

Teresa. 

Y trabajé doblemente, 
yo me sentaba al trabajo, 
pero al declinar el dia, 
que era la hora en que veráa 
por esa calle de abajo: 
la vista fija clavaba 
en aquella dirección; 
pero todo era ilusión 
y Clemente no llegaba. 
La situación era seria; 
tu enfermaste madre amada, 
y nuestra suerte estremada, 
nos redujo á la miseria. 
Madre mia, eso te aflije, 
no hablaré mas. . . . 

MÓNICA. 



Ai "contrarío 



60 — 



es urjente. — es necesario 
que lo rúenles; ya lo dije. 

Teresa. 

Y r a estábamos reducidas 
al estremo mas doliente; 
todo nos fué insuficiente 
y nos vimos abatidas. 
El sustento nos faltó 
los esfuerzos fueron vanos, 
terribles y sobrehumanos, 
y tu físico. . . . falló 

MÓNICA. 

Y después. . . . después Teresa? 

Teresa. 
A y madre! — nó! — es imposible 

MÓNICA. 

Dílo todo. ... es preferible 
¿á qué ocultarla tristeza"/ 

Teresa. 

Se agotaron nuestros medios 
y todos te abandonaron; 
ni aun siquiera nos dejaron 
con qué pagar los remedios. 
Pero, madre. . . . ¿qué te pasa? 

MÓNICA. 

Nada hija. . . . estoy o vendo. . . . 
¿Y.../ 

Teresa. 

Tu. . . .ya estabas. . . . muriendo 
v te llevaron de casa ! 



MÓNICA. 

A dónde virgen bendita ! (cotí hoi 

ror) 
Teresa. 



Al hospital 



MÓNICA. 



Santo cielo! 

Teresa. 

Y al salir te puso un velo 
tu confesor Jesuíta ! 

MÓNICA. 

Mi confesor! pero. ... di 

¿y tú? y tú? hija querida? 

Teresa. 

Yo en lucha con esa vida, 
perdí la fuerza, y caí. 
El trabajo me dobló 
sin poderlo resistir, 
y resignada á morir 
cuando todo me faltó: 
pensaba en la eternidad, 
cuando en mi delirio ardiente 
vi aparecer á Clemente 
lleno de felicidad. 

MÓNICA. 

Me consuela lo que dices . 

Teresa. 
Sí porque al incorporarme 



— Ül 



te vi venir á abrazarme. 



Yo! 



MÓNICA. 



Teresa. 



Sí, ya eramos felices, (se abrazan) 
y después de tanta guerra 
Clemente fué tu consuelo: 
te trajo la paz del cielo; 
te hizo feliz en la tierra. 

Mónica. 

Pero quién llega?. . . me ausento 

ven Juliana. [mutis con Juliana.) 



ESCENA II. 

Teresa, Justino y Maeia. 

Teresa. 

¿ Se arreglaron los asuntos. 

Justo. 

Servidor 

María. 

Adiós Teresa, 

(parece que te interesa) 

casi hemos llegado juntos. 

Justo. 

Confieso que antes de ayer 



Teresa. 

No es estraño, un mal momento 
no se puede precaver. 

Justo. 

(Voy á cargarla de frente 

y enmiendo mi tontería) 

Señorita! — yo creia 

que Vd. me era indiferente, 

pero he visto que no lo es 

después del lance pasado, 

y tal vez hubiera dado 

en arrojarme á sus pies. 

Mire Vd. tuve intención 

de ponerme á meditarlo; 

pero — hay tiempo de pensarlo 

dije, y pedirle perdón. 

Con que aprovecho el momento 

perdone Vd. señorita; 

es mi costumbre maldita 

de hablar todo lo que siento. 

Y eso que estoy convencido 

de que en el siglo presente, 

nadie dice lo que siente 

sino es valor entendido. 

Si ya no estoy indultado 

sírvase Vd. perdonarme, 

y le prometo enmendarme 

aun término así. . . .arreo-lado: 

en fin, ni sé lo que hablo; 

pero Vd. debe entenderme, 

uunca sé desembolverme 

con cumplimientos — ¡qué Diablo' 

María. 

Le perdono á Vd. Justino, 
pero ha de pactar conmigo 
el que ha de tener castigo 



estuve algo desatento (á Teresa.) I cuando haga un desatino. 



V puesto que lia confesado 

no le soy indiferente; 
so m é tase el insurj en te 
y l(» creeré reformado. 

Justo. 

¡Ay que suerte señorita! 
tener quien así me mime; 
quien me eduque, quien me estime 
vamos; segunda mamita!. . . . 

Teresa. 

Pido permiso un momento 

madre, está tan delicada 

que temo dejarla aislada, 

voy corriendo ásu aposento, (mutis) 



ESCENA III. 
Justo y Marta, 

Justo, 

Por que es cierto, sorprendente 
el cambio que se ha operado: 
yo no sé que rumbo ha dado 
á su dinero esta j ente. 
La pobre señora está 
que dá lástima; abatida; 
se ha puesto desconocida, 
de pocos meses acá. 
También la pobre señora 
es austera en demasía: 

María. 

Pues. . „ „ lo mismo que mi tía. 



,Ji 8TO. 

No lia de ser tan rezadora. 
Si se retuerce los brazos 
hasta quedar sin alientos; 
y hasta creo que hay momentos 
en que anda á disciplinazos. 
Yo sé muy bien lo que hablo: 
desde que murió el marido, 
entró Lonjino, así ha sido 
que todo lo cargó el diablo. 
Esto, es decir lo que pasa 
sin agregar, ni mentir; 
porque yo puedo decir 
que me he criado en esta casa. 
Hice un viaje, año pasado; 
pues bien, cuando regresé, 
de una pieza me quedé 
ya estaba todo cambiado. 
Por el oro del Peni 
nada vi, que la alhagára: 
ya no miraba á la cara 
ni me trataba de tú. 
Lo que es Teresa, eso sí, 
es muy buena; es una plata: 
ni han podido hacerla beata, 
ni me apea el tú por tí. 
Desde entonces; — es mejor 
me dije buscando el centro; 
que quede corno lo encuentro; 
yo no soy reformador. 
No quiero andar en cuestiones 
que no puedo remediar; 
si no podemos marchar 
pongo enjuego los talones. 

María. 

Es muy prudente medida. 
y muy digna de alabarse; 
nadie tiene que mezclarse 
en los métodos de vida: 



— 63 



pero es el caso Justino 

que hay personas que queremos, 

y cuando sufren debemos 

velar sobre su destino. 

Evitar el sacrificio 

de una criatura inocente, 

que lucha constantemente 

con un secreto suplicio; 

y si avasallada jime, 

su suerte siniestra y rara, 

arrancar la doble cara 

del verdugo que la oprime. 

Ese tormento, ese abismo 

para nuestra amiga empieza, 

pensemos Justo en Teresa 

víctima del fanatismo. 

Justo. 

Casualmente, es mi opinión 
en ese particular, 
pues Maña; no aflojar 
y hagamos la oposición. 
Vd. quedará encargada 
de dirijir el asunto; 
pues yo confieso por j unto 
que no sirvo para nada. 
Con que Vd. mande Maria 
que con tal gefe, la gloria, 
en alas de la victoria 
nos lleva desde este dia. 
Queda la lucha entablada. 

María. 

Corriente, mas con prudencia. 



Justo. 



Que espere su reverencia 



una carga destemplada, 

con que, dónde nos veremos ? 

María. 

Aquí podemos hablar 
pero es preciso guardar 
silencio. . . . 

Justo. 



Lo guardaremos. 



María, 

Vigilancia y sangre fria 
que la campaña es formal: 
cuidado ! (mutis 



Justo. 

Mi general ! 

á las órdenes de usía ! 



ESCENA IV. 



Justo (solo) 



Pues esto es hecho, se fué 
y ahora que estás en camino, 
yo te pregunto Justino 
si te clavó, ó la clavé. 
Puede ser que capitules; 
es mi gefe; soy soldado, 
desde hoy queda jurado, 
esterminio á esos gandules, (mutis) 



<ü 



ESCENA V. 

MoníCA (izquierda, con una caria) 

Jamás pude imajinar 

tan falaz hipocresía; 

y yo que me consumía 

< j n infundado pesar. 

Al fin tuve el desengaño; 

bien lo dice el confesor, 

en el suelo no hay amor 

TU HIJO SERA UN ESTRAÑO. 

Eso hace mi hija al presente 

contra mi amor revelada 

trabajando combinada 

con su digno pretendiente. 

Esta carta me lo dice; 

se ha descubierto la intriga: 

¡ que sentimientos abriga 

esa criatura infelice! 

Su oculta perversidad 

me disfraza con malicia : 

quiere torcer la justicia 

de mi espresa voluntad. 



ESCENA VI. 

d? mónica y lonjino. 

Loxjino. 

¿ Tengo permiso ? 

Doña Monica. 

Pasad, 

Santo padre, os esperaba; 
¡ay! — mi mal mucho se agrava 
esa hija. . . .! 



LONJINO. 

Reflexionad 

pobre madre lo pasado: 

Ya se podia temer 

y hasta debia esperarse 

ver en ella sublevarse 

sus instintos de mujer, 

pero yo, no encuentro culpa; 

y pues no fué religiosa, 

no podia, hija amorosa. . . . 

MÓNICA. 

Padre mió! — no hay disculpa 
¿Y Vd. la vindica padre? — 
cuando ya por heredar 
trata hoy mismo de labrar 
la perdición de su madre ? 

Lonjino. 

Eso es serio! — muy formal, 
y el pretendiente es audaz; 
yo lo creo muy capaz 
de llevarte á un tribunal 
es un dolor, y es reciente 
el aviso; ya no hay duda 
que hay alguien que les ayuda, 
pues se hablan secretamente. 
Ella, y él, no se con quienes 
es que se han aconsejado; 
pero hay algo de abogado 
y de quitarte los bienes; 
pero, ella es una criatura; 
no hay que culparla hija mia!. 
¡ay!. - - -yo bien te lo decía, 
que su alma no estaba pura. 
Todo lo hará la paciencia. . . . 
sobre todo, no ostigarla, 
hasta que puedas mandarla 
á ejercicio y penitencia, 



(io 



mas que todo, no indicarle 
que estamos en el asunto; 
seria malo, porque al punto 
tratarían de desviarle. 
Bueno es también no escuchar 
su sumisión afectada, 
que por el otro adiestrada, 
muy bien nos puede engañar. 

Mónica. 

Ya no quiero verla padre 
y la abandono á su suerte. 

L.ONJINO. 

Dios mió ! ¡querer tu muerte ! 
[¡¡por heredarte!! ¡¡á su madre!!! 

Mónica. 

Eso me ha herido, testigos 
hay, de cuanto la quería ! 
¡ay padre! V<1. bien decía, 
que no hay 'parientes ni amibos. 

LONJINO. 

Sufre con resignación 

que en la senda de la vida 

te has de hallar acometida 

por la intriga y la ambición. 

Yo seguiré vigilando # 

velaré continuamente 

y asi estarás al corriente 

de los pasos que están dando. 

Es una triste verdad 

que el bien, ya sus puertas cierra 

á una alma que en la tierra 

vive aislada en la horfandad. 

Mas no debes aflijirte: 

vive siempre prevenida 



con la súplica sentida 

que trata de seducirte. 

No lo digo por tu hija, 

pues dejo que un caso estraño 

te haga ver todo el amaño 

de aquella astucia prolija. 

Mónica. 

Yit estoy bien desengañada 
¡que á prisa quiere heredar! 
pues lo juro! — he de lograr 
dejarla desheredada ! 
Bien tuvo tenacidad 
para mostrarme obediencia, 
no era limpia su conciencia 
ni sincera su humildad, 
ya he dicho: no quiero verla 
su presencia me dá horror 

Lonjino. 

Hija mia! .por favor, 

tratemos de convencerla, 
el corazón ulcerado 
tiene heridas tan gravadas 
que sus fibras desgarradas 
destilan sangre 

Mónica. 

El pecado 

padre, la perversidad 

vamos, salgamos de aquí. 

LONJINO. 

Nó, nó, espera por mí 
voy, y vuelvo. 

Mónica. 

Bien. . . .audad ! 



ÜG 



MÓNICA (sola.) 

Ya se descubrió la trama, 
nunca pensé que Teresa. . . . 
olí! . . . quema el labio. . . me {tesa 
el saber como se llama, 
abominable criatura 
la desnaturalizada: 
la hipócrita, disfrazada 
con la capa de dulzura. 

ESCENA Vil. 

Dona Mónica, Don Luciano. 

Don Luciano. 

Avancemos sin temor: 
servidor de V. señora. 

Mónica. 

¿Qué busca este hombre ahora? 
Dios le guarde á V. señor. 

D. Luciano. 

Un asunto de interés 
me mueve á venir aquí; 
V. sabe que yo fui 
un adicto en su viudez. 
He sido para su casa 
señora, un constante amigo; 
y así, sin preámbulo digo, 
que me admira lo que pasa, 
Yo no entro á considerar 
el cambio que se ha operado, 
y desde que estoy á un lado, 
ya no me debo mezclar; 
pero aunque V. mal lo halle 
mi amistad, me precipita, 



señora, ese Jesuíta 
la deja á V. en la calle. 
El patrimonio entregado 
por su orden, señora mia, 
ya ingresa en la compañía 
muy bien acondicionado; 
esto me atrevo á jurarlo, 
se lo ha llevado el demonio, 
pida V. el patrimonio, 
trate de recuperarlo. 

Mónica. 

No sé señor, D. Luciano, 
que ciego interés lo mueve, 
ni como á infamar se atreve 
á un santo y digno cristiano. 
No puede escuchar mi oido 
tan fea suposición, 
no tiene V. religión. 



Yo. 



D. Luciano. 



Mónica. 



Nunca la ha tañido. 
Esa persona que ofende, 
tal vez sin justicia alguna. 
no ambiciona mi fortuna, 
ni al vil interés se vende : 
es un santo religioso, 
y no permito señor 
que á mi digno confesor 
se trate de codicioso. 

D. Luciano. 

Pues bien, señora, lo digo, 
lo sostengo y probaré ; 
yo bien sé lo que me sé, 
I y que se estrelle conmigo. 



Si mis cargos son endebles, 
sepa, que á su confesor 

lo he sorprendido ¡qué horror! 

abriéndole á V. sus muebles. 
No sé si será piedad 
el escamotear lo ajeno ; 
lo que juro es que no es bueno 
robar y sin caridad. 

Móxica. 

¡Jesús!... ¡qué horror!... ¡qué impos- 
tura! 
Dios piadoso ten clemencia 
de este hombre... tu indulgencia 
concede á esta ruin criatura ! 

Don Luciano. 

Señora, por compasión ! 

no diga V. necedades ; 

¿ por qué digo las verdades 

pide para mí perdón ? 

Pues bien, por fiu de la cuenta 

quería el fiel de los fieles 

sustraer de sus papeles 

un pacto de redro venta : 

sí, señora, no se aflija; 

en vano será el rezar, 

no puede V. despojar 

de su fortuna á su hija. 

Nadie le dá atribución 

para destrozar sus bienes, 

señora, por Dios ! y ¿ á quienes? 

— tal vez una donación ! 

Hay poderosos motivos 

que se pueden oponer 

á que V. trate de hacer 

donaciones intervivos. 

La ley señora es severa, 

mientras no sancione el hecho 

su hija no pierde el derecho 



porque es legal heredera. 
Y si estoy equivocado, 
ó ha sido por ignorarlo, 
vaya V. á consultarlo 
con el primer abogado. 

Móxica. 

Bien, D. Luciano, no puedo 
escuchar á V. ahora, 
(este es del complot (loma costura u 
mutis foro). 

D. Luciano. 
Señora ! 

te has metido en un enredo !... 



ESCENA VIII. 



D. Luciano (solo.) 



Aquí no hay nada que hacer 
sino apremiar á Lonjino 
con el registro; y con tino ; 
en fin, trataré de ver. 
El golpe no ha sido bueno 
para esa beata maldita, 
ya lo veo, el Jesuíta 
es el dueño del terreno. 
Transaremos como amigos; 
porque el hecho, bien mirado, 
no queda justificado 
por la falta de testigos ; 
pero... ¿ quién viene?... Tristan ! 
este se hace el inocente, 
pero donde clava el diente, 
abur ! (saludándolo de paso). 
¡ qué pelafustán ! (mutis.) 



— GS — 



ESCENA IX. 

TRISTAN (solo.) 

No está... yo traigo instruccione 

que debo poner enjuego, 
ya que en el sagrado fuego 
se han de inmolar las pasiones, 
me mandan. - - - y esta muge r 
domina mi alma — ¡ maldita ! 

Calla !. errante Jesuita ! 

silencio y obedecer. 
Hoy es dia decisivo; 
pegar el golpe debemos, 
y los papeles tendremos 
va de un modo positivo. 
Me ha perdido mi torpeza, 
debia al fin suceder: 
la imagen de esa muger 
me trastornó la cabeza. 
No hay duda: mi superior 
tiene ideas asombrosas 
ha vuelto á poner las cosas 
en el estado mejor. 
La madre, ya es cosa fija 
que vive en el desconsuelo; 
ahora cubramos de duelo 
el corazón de la hija. 
Ella viene. . . . 



ESCENA X. 

Tristax y Teresa (izquierda,) 

Teresa. 

( Qué será ? 

mi madre no me ha llamado ) 
( ¡ Oh siempre el ser detestado ! 
solo aquí. . . . /.qué buscará ? ) 



TiíISTAS 

I ¡ése y;i lu prevención; 
hija, yo te compadezco: 

Teresa. 

( Bien sabe Dios que merezco 
piedad en mi situación ! ) 

Tristax. 

Cuando vive el desconsuelo 

en el alma deprimida, 
poner bálsamo en la herida, 
es nuestra misión del cielo. 
Tú estás sufriendo y guardando 
la hiél que tu alma destila: 
¿cómo has de vivir tranquila 
si sé que vives llorando Y 
hija; tu cariño santo 
se premió con amargura 
llora sí, pobre criatura; 
porque es muy justo tu llanto» 
Ya no habrá nada que cuadre 
para una madre indignada : 
has sido muy desdichada 
en perder su amor de madre. 

Teresa. 

¿Su amor de madre?. . . . ¿porqué? 
¡su indignación! — ¿qué hice yo"? 

al fin 3 r a se consumó 

vuestra obra .... bien lo sé. 
¿Pero que quieren de mi Y 
nada basta, se reincide; 
harán que madre me olvide 
y hasta me arroje de sí. 
Yo que mi ventura ciño 
en amarla de ese modo, 
convengo en perderlo todo 



G9 — 



dejándome su cariño. 

Qué mas quieren'?. . . . resignadas 

todo lo hemos entregado 

y con gusto hemos quedado 

á esta casa limitadas, 

viviré de esta manera; 

os juro que no me pesa 

y aceptaré mi pobreza, 

con tal que madre la quiera* 

¿Qué mas se puede desear 

si á todo estoy resignada '? 

yo no perjudico en nada, 

y hasta ofrezco no llorar. 
Sí- — si mi llanto la ofende 
no lloraré mis pesares. . . . 

Tristan. 

Es fuerza que te prepares 

el mal sobre tí se estiende 

largo tiempo resignada 

sufrió tu madre tu esceso; 

hoy ha gravitado el peso, 

la medida está colmada. 

Todas tus sordas intrigas 

han decidido tu suerte: 

tu le has deseado. . Ja muerte 

Teresa. 
Yo ? (retrocediendo espantada.) 

Teísta x. 
Sí, no te desdigas ! 

Teresa. 

¡Que es lo que oigo cielo santo 
de tan horrible impostura ! 
¿qué te hizo esta criatura 
para hacerla sufrir tanto? 



Tristan, 

Nos acusas hija mia; 

pues bien, tú debes hablaría 

debes de comunicarla 

tus dudas; te convendría, 

Quien lo impide. . . .tu conciencia 

sin duda te está ofuscando; 

habla con ella, que hablando 

hallarás nuestra inocencia. 

En un religioso padre 

es un crimen la falsía; 

jamás se engaña hija mia, 

el corazón de una madre. 

Teresa. 

Pero . . . cómo? . . . quién me acusa? 
de qué intrigas? de qué muerte? 

Tristan. 

Debes hija convencerte 

que á creerlo se rehusa: 

mas, no es así por desgracia !. . . , 



Teresa. 

Pues bien; yo hablaré con ella 
y boy el signo de mi estrella 
cambiará con eficacia. 
Yo le diré— Madre mia ! 
tu hija siempre te ha querido 
no dudes ! — cierra el oido 
á la astuta hipocresía. 
Nunca he pensado ofenderte, 
y barias mi alma pedazos, 
si me negaras tus brazos 
-sería. . . .darme la muerte. 
Teme la saña enemiga 
que invade el hogar tranquilo. 



no des tu garganta a] filo 
del cuchillo de la intriga. 

ESCENA XI. 

Dichos, Mónica y Lonjino. (foro) 

D? Mónica. 

Son intrigas del tutor. . . . 

ella. 

Lonjino. 

Tu hija! 

Teresa. 

¡ Madre amada ! 

Mónica. 

Aparta, aparta malvada. . . .! 
(Pausa corla.) 

Tristan. 

( ¡ Gloria escelsa al fundador !). 

Teresa. 

Escucha .... (con temor.) 

Mónica. 

Déjame en paz 

yo te maldigo en la tierra ! 

Lonjino. 

¡Justo Dios! (juntando las mor ) 



70 — 

Tristan. 

( )li ! — (igual acción.) 

Teresa. 

Nó, no me arredra 

la intriga. . . . tu escucharás. 
Todos estamos aquí. . . . 
Caiga la máscara impía. . . . 



MÓNICA. 

Nó, tu no eres hija mia ! (rechazán- 
dola.) 
Dios tenga piedad de tí (mutis foro.) 



ESCENA XII. 
Teresa, Lonjino y Tristan. 

(Teresa queda en medio de los dos. 

Teresa. 

¡ Dios mió ! — tu que me escuchas 
sabes que soy inocente. 

Lonjino. 
¡ Justo ciólo ! 

Tristan. 
Dios clemente ! 

Lonjino. 
; Pobre madre ! 



Tristan. 

¡Tristes lachas! 

Teresa. 

Pero padres. . . .todavía 
es tiempo de persuadirla 
por compasión ! 

Tristan. 

¡jAflijirlaü! 

Lonjino. 

Para eso es tarde hija mia ! 
no hay que desesperar. 

Teresa. — (con angustia.) 

Ya para mi no hay consuelo. 

Lonjino. 

Hija, las puertas del cielo, 
pueden abrirse — ¡ llamar ! 
esta vá tras de la madre (á Tristan) 
ya es nuestra, dejadla en paz: 

Tristan. 

Ya -prendió el fuego voraz: 

ya no hereda ( haciendo mutis) 

LONJINO. 

¡Callad padre! (mutis) 

Teresa {sola.) 
Rasgó su velo el encanto; 



murió mi última esperanza; 

así sufriendo se alcanza 

á santificar el llanto. 

¡Madre! — han llenado tu pecho 

de vil fanático encono, 

no importa; yo te perdono, 

tú no sabes lo que has hecho. 

A todo estoy resignada; 

yo bien sé lo que ha pasado; 

ellos nos han despojado 

hoy no contamos con nada. 

Pero yo me callaré 

y aunque viva consumida; 

aunque me vea perdida 

madre, te respetaré. 

La hipocresía malvada, 

vá produciendo su fruto; 

ya no falta mas que el luto 

á esta casa desdichada. 

ESCENA XIII. 

Teresa y Clemente. 

Teresa. 

Clemente, ya no es posible 
sufrir como estoy sufriendo: 

Clemente. 

Sí, Teresa, lo comprendo, 
tu situación es terrible; 
pero es preciso sufrir 
Teresa, la situación, 
y tener resignación. ... 

Teresa. 

te digo que no es vivir, 
Antes Clemente me amaba, 1 ? 
y si tenia pesares, 



de consuelos á millares 
• 'un cariño me llenabas. 
Antes un solo gemido, 
escapado de mi pecho, 
iba Clemente derecho, 
á tu espíritu aflijido. 
Antes el verme llorar 
te hubiera dado aflicción; 
hoy no tienes corazón, 
ya no me debes amar. 
Antes tu eras mi consuelo, 

todo era calma .alegría; 

parece que bendecía 
nuestros amores el cielo. 
Ahora es fuerza que te aguarde 
y vienes indiferente; 
antes besabas mi frente 
al agonizar la tarde. 

Clemente. 

Pobre Teresa! — tu has sido, 
la causa de tu -aflicción, 
me cerraste el corazón — . 
tu Teresa — lo has querido, 
Cuando tu alma ulcerada 
necesitaba consuelo, 
quisiste tender un velo 
á nuestra dicha pasada. 
. Tú, mi mas dulce tesoro, 
al nacer mi sentimiento, 
volviste el rostro al momento 
para robarme tu lloro. 
Y bien Teressa ! — ¿ qué hacer ? 

Teresa. 

Voy perdiendo la ilusión. 
y tu también has perdido ; 
para mí todo ha concluido 
desde que tu eres Masón. 
Calla criatura inocente ! 



Clemente. 

y no repitas te pido 

el lenguaje corrompido 

del fanal isuio insole u te . 

¿Sabes tu, Teresa mia, 

lo que te atreves á hablar? 

ni aun puedes imajinar 

lo que es la, masonería: 

No te dicen la verdad ; 

su culto noble y fecundo 

tiende sus alas al mundo, 

y adora la libertad. 

Ante ella cae la esclavitud pos- 
trada, 

y el Masón le prodiga nueva suerte, 

escala los cadalsos denodada, 

y arrebata la víctima á la muerte, 

La gran Masonería es esforzada, 

y hace hasta al débil, entre bravos 

(fuerte : 

ella rompe los hierros de las manos, 

y los tira á la sien de los tiranos. 

La institución masónica es la esen- 

(cia 

para el Pueblo Oriental indestruc- 
tible, 

pues se alzó, para darle indepen- 
dencia 

en una era, de gloria inmarcesible. 

Nada pudo la vana resistencia 

de un poder, que se creyó inven- 
cible 

es para el mundo, de libertad la 

(diosa, 

y alza su frente, divinal, gloriosa. 

Teresa. 

Si el poder Jesuítico azuzado 
pone enjuego su intriga ponzoñosa, 
y en el seno del pueblo descuidado 
que alucina, con farsa misteriosa J 



— 73 — 



se estrella aquel rujido concentrado, 
y desata su saña tenebrosa. 
Entonces, ay Clemente ! — ¡ cuanto 

(llanto! 
cuanto luto siniestro! — ¡cuanto es- 

(panto! 
Clemente. 

Así como las ondas ajitadas 

se estrellan, con rujíente furor cie- 

(g°> 

y elevan sus montanas encrespadas, 

del vórtice furioso, en raudo juego: 
Las almas de los buenos inflamadas 
que en los dogmas del libre bebenfuego 
sustentarán su choque, incontras- 
tables, 
en tan santa misión inseparables 
Teresa. 

Clemente; esa institución, 
debe ser bella, á fé mia; 
porque, no la aceptaría 
tu noble y gran corazón. 
Desde hoy la respetaré 
y aunque yo no la comprenda, 
tiene mi débil ofrenda, 
pues tu la amas, la amaré. 
Lo que te pido en rigor, 
sin tocar tu juramento; 
es que pienses un momento 
en que me tienes amor. 

Clemente. 

Teresa mia! — yo te amo, 

y vive en ese concejDto, 

que no me roba tu afecto, 

con su imperioso reclamo. 

Yo puedo pensar en tí, 

sin faltar á mis deberes; 

sí Teresa. . . .¿qué mas quieres'? 



Tekesa. 

Que no te olvides de mi. 

ESCENA XIV. 

Dichos — Juliana . (foro ) 

Juliana. 

Ay que apuro! — la Señora, 
está al pié de la escalera ! 

(mutis izquierda.) 

Clemente. 

Quién és? — tu madre — ¡friolera ! 
¿cómo he de salir ahora V 

Teresa. 

Ay Dios! — en ese aposento 

(derecha.) 
hasta que pueda salir: 
Dios mío! — ¡y esto es vivir ! 

Clemente. 

No hay que perder un memento. 
(mutis.) 

ESCENA XV. 
Teresa, D? - Mónica. (conajitacion) 

MÓNICA. 

Teresa! — vengo abismada, 
no sé que debo pensar ! 
lo que acaba de pasar 
me ha dejado horrorizada. 



Teresa. 

¿Qué sucede madre mia! 

Mónica. 

¡ Ay! — es horrible; espantoso 
indigno!. . . .ignominioso ! 
ni repetirlo debia. . . - 
pero nó — caiga el disfraz, 
de la horrible hipocresía, 
con que ese hombre quería, 
alucinarme falaz. 

Teresa. 

Pero madre, qué ha pasado ? 

MÓNICA. 

Voy á decírtele todo 
desahogaré de ese modo 
mi pecho despedazado. 
Habiendo ido á consultar 
á casa del confesor 
el caso de hoy, por temor 
que me asalta, de pecar; 
me hizo demorar un hombre, 
y aunque me costó trabajo, 
oí, que hablaban muy bajo, 
y pronunciaban mi nombre. 
Tal vez ha sido una suerte; 
porque supe con horror, 
que mi único confesor 
está deseando mi muerte. 

Teresa. 

¡¡¡Tu muerte!!! 

Mónica. 
El era, sí, 



está el misterio aclarada 
y no en vano ese malvado 
no se alejaba de mí. 

Teresa. 

¡ Ah madre ! tu has visto al cabo 
desecho el tejido horrible. . . . 

Mónica. 

¡Ay Teresa! — es increíble 

lo que de escuchar acabo. 

No me moví de su lado, 

decía, mi confesor, 

y tuve el oido avizor 

á lo que ella ha delirado. 

Nada dijo en conclusión; 

hay que perder la esperanza, 

si en ella, ya nada alcanza 

el acto de confesión. 

Pero guardando equidad, 

podemos precipita ría , 

es preciso encaminarla 

derecho á la, eternidad. 

Ya su espíritu apagado 

se presta perfectamente ; 

se mata espiritual mente 

en tiempo determinado. 

No hay mas que hacer enervar 

su físico. ... se deshace ; 

un cadáver pronto se hace 

padre, sin asesinar. 

En los primeros momentos 

que caiga sin resistir, 

se le obliga á recibir 

tres veces los Sacramentos : 

no se la deja de mano ; 

se reúne á sus amigos 

para que sean testigos 

que ha tenido un fin cristiano. 

Ese paso es importante, 



y avanza la Compañía : 

la noticia correría 

de su muerte edificante. 

Esa muerte es necesaria 

para adquirir lo clonado, 

y eso es un golpe de estado 

á la impiedad reaccionaria. 

Haced vos mismo el modelo 

de un catafalco lujoso ; 

así el vulgo vanidoso 

toma aspiración al cielo. 

Y que se mande imprimir, 

aunque sea reducida 

su mas ascética vida, 

la cual liareis distribuir!"... 

— Ah ! ya no pude escuchar, 

y salí huyendo hija mia ; 

con horrible felonía 

me quieren asesinar. 

Teresa. 

¡ Pretender asesinarte ! 

jah malvados! — ¿ y por qué ? 

Mónica. 

Todo Teresa lo sé ; 

es que quieren heredarte ! 

Teresa. 

¿Amí? mas por qué razón. . 
si yo no poseo nada ! . 

Mónica. 

Es que yo hice alucinada 
una imprudente cesión : 
Cesión que no pude hacer 
sino en mi triste estravío : 
ese fanatismo mió, 



Teresa, te iba á perder. 
Pero yo reclamaré : 
lo que es tuyo á tí te toca : 
Sí; — diré que estaba loca ; 
en fin, me retractaré. 
Una lágrima ! — furtiva 
sobre tu mejilla rueda. . . . 

Teresa, 

También en tus ojos queda 
madre, otra lágrima esquiva. 

Mónica. 

Sí Teresa ! — ¿ á qué ocultarte : 
fui madre indigna en el suelo. 
Cuantas veces tuve anhelo 
hija mia, de abrazarte. 

Teresa. 

Dos lágrimas! — si, bendita 

seas madre: yo lo imploro: 

al fin sabes que ese lloro 

te lo arranca un Jesuíta. 

Yo también mucho he llorado: 

pero al fin, somos dichosas: 

no se hable mas de estas cosas, 

y olvidemos lo pasado. 

Nada importa madre amada, 

y pues la cesión es seria; 

sufriremos la miseria, 

quedaré desheredada. 

Ño quiero verte llorar, 

viviremos despojadas, 

y aunque en el mundo ignoradas 

vuelva la paz al hogar. 

Y ya que has cedido á Dios, 

el patrimonio completo , 

madre mia ese secreto 

queda oculto entre las dos. 



— . 76 — 



MÓNICA. 

No puede quedar así, 
ni en manos de esos sedientos 
dejar debo documentos, 
que quiero ver boy aquí. 
Voy á mandarlos llamar, 
y sin escándalo' y ruido, 
todo quedará concluido 
todo se debe arreglar. 

(mutis izquierda.) 

Teresa (sola.) 

¡ Gracias Dios omnipotente, 
porque tu divina luz 
rompió el siniestro capuz 
que cegaba á esa inocente ! 
esa ambición atrevida 
tuvo su ruin consecuencia ; 
te adoraré Providencia 
en las horas de mi vida. 

ESCENA XVI. 

Teresa y Clemente. 

Clemente. 

De todo esto} r informado, 
y bien Teresa — ¿ qué dices ? 

Teresa. 

Que ya seremos felices, 
sí, sí, Clemente adorado ! 

Clemente. 

Y la máscara falaz 
que cubría la ambición 
cayó, y se hizo traición 



mostrando su innoble faz. 
Que ahora el placer, el contento 
nos darán horas tranquilas, 
que ya no habrá en tus pupilas 
lágrimas de sentimiento. 

Y que ahora es necesario 
que yo me vaya de aquí. . - . 

Teresa. 

Y tan luego ahora? 



Sí 



Clemente. 
Teresa. 
¿ Qué temor imajinario ? 

Clemente. 

No hay temores, solo insisto 
en ir á casa al momento. 

MÓNICA. 

Si vuelves, sí, lo consiento. 

Clemente. 
Estoy de priesa. (mutis). 



Desisto. 



Teresa. 



Teresa (sola). 



Es raro marcharse así, 
tan luego en esta ocasión, 
cuando ya la situación 
es otra para él aquí. 
En fin, yo estoy aturdida $ 
¡ ay ! pobre cabeza mia, 
voy á contarle á Maria 



77 — 



el nuevo cambio de vida. 
Juliana. 



ESCENA XVII. 
Teresa y Juliana. 

Teresa. 

Ven á taparme, 
dame pronto mi pañuelo 
de rebozo. ... ah! mi velo. 
( Juliana saca ambas cosas de la có- 
moda.) 
Ahora ven á acompañarme 

{mutis las dos.) 

ESCENA XVIII. 

D? Mónica (sola.) 



Ya todo quedó aclarado ; 

Dios mió ! quien lo pensara, 

que tal idea abrigara 

un hombre tan ilustrado. 

Desear mi perdición, 

cuando no pasaba un dia 

■que de rodillas pedia 

me diera la salvación ! 

Desear mi muerte violenta 

■cuando sin instancia alguna 

he cedido mi fortuna 

muy resignada y contenta ! 

Ah! solo así, oyéndolo 

puede creerse el atentado: 

Santo Dios! ... .en qué he pecado? 

Tal vez soy maldita ? — nó ! 

pero quién llega? — Justino! 



ESCENA XIX. 

D^ Mónica y Justino. 

Justo. 

Ah señora! .... que tal vamos 
mucho entusiasmo?. . . . rezamos? 
(¡diablos! ya hice un desatino.) 

Mónica. 

Hijo mió! — sí rezar 
pesa á tu alma libertina, 
de la palabra divina 
nadie se debe burlar. 

Justo. 

(por muy poco te encocoras) 
creí que estaba Vd. rezando 
en la iglesia, sino, cuando 
vengo á su casa á estas horas; 
pero dejemos clamores 
y lo de rezos, á un laclo 
sepa Vd. que se ha ensartado 
con dos boas eonstrictores, 
y que todo monigote 
que me caiga por las manos. . . « 

Mónica. (alterada.) 

Los hay muy buenos cristianos.. 

Justo. 

Bien señora, no alborote. 
Yo no hablo de los que he visto 
que son dignos de alabar, 
de una conducta ejemplar 
como manda Jesucristo. 
Pero voto á San Cornelio ! 



78 



no puedo sufrir bribones 
que me dejen sin calzones 
predicando el evangelio. 

Aparecen en la puerta del foro, 
Lonjino y Tristan. 
Pero ahí le viene el par 
de cuervos; animalitos 
inespertos; pobrecitus 
van aprendiendo á picar 
los pichoncitos son Mojos: 
son tan recien emplumados 
que no están muy adiestrados 
en esto de sacar ojos, (mutis) 

ESCENA XX. 

D* Mónica, Lonjino y Tristan. 

Lonjino, 

Hija mía ! — ¿ me lias llamado ? 

Mónica. 



Sí, padre. 



Tristan. 



Muy seria está : 
sabe Dios lo que será. 

Lonjino. 

(Vamos ! — hay gato encerrado ; 

la desconfianza despierta, 

su espíritu en rebeldía) : 

si me has llamado hija mia.... 

(hay algo. . . - estemos alerta), 

es mi deber atenderte 

y ausiliarte, si hay apuro.... 

Mónica. 

¿ Está V. ya bien seguro 



que está próxima mi muerte ? 
pero ha de quedar burlada 
su esperanza lisonjera: 
ese deseo que muera 
para verme embalsamada. 

Lonjino. 

Yo hija mia?....¿ qué decís ? 
yo que soy tu firme amigo. 

Mónica 

Sí, mi mas cruel enemigo, 
lo he dicho ya; bien lo oís. 

Lonjino. 

Y quien lo puede dudar, 
que lo he deseado y deseo, 
que admire Montevideo 
tu fin cristiano ejemplar? 
Créelo así, sierva de Dios, 
si tu fin fuera piadoso, 
en estasis religioso 
lloraríamos los dos. (Señalando á 

Tristan) 

Tristan. (inclinando la cabeza.) 

Vamos, vamos, sosegaos 
confiad en la providencia 
ya vuelve la impenitencia, 
á vuestro cuerpo — calmaos. 

Lonjino. 

(Esta mujer ha escuchado . 
toda mi conversación, 
oculta en algún rincón: 
demos un golpe de Estado) 
sí: tu vida de abstinencia 



79 — 



y tu cristiana agonía, 
para los fieles seria 
ejemplo de consecuencia. 

Mónica. 

¿ Quieren mi muerte ? — pues bien, 
no moriré asesinada ; 
desde hoy quedo emancipada 
y hasta os despido cambien.... 

LONJINO. 

Pero debes saber antes 
que dos ó tres ocasiones, 
has hecho revelaciones 
para Dios muy importantes. 

Tristan. 

Sin duda reflexionáis 
sobre tan santa palabra : 
en el delirio se labra 
esa piedra que ocultáis. 

Lonjino. 

Hija ; tu te has descubierto 
en estas noches pasadas, 
sin palabras disfrazadas, 
porque has hablado lo cierto. 
Cosas indignas y crueles, 
que rayan en sacrilejio : 
/// Un robo al Sacro Colejio !!! 
¡ü ocultación de papeles !!! 
espero querida hija 
que aquello que has ocultado 
lo deje al fin declarado 
una confesión prolija : 
pedirá de otra manera 
el que todo lo gobierna : 
mira que la vida eterna, 



no es, la perecedera ! 

Mónica. 

De qué me queréis hablar 
padre, de qué confesión ? 

Lonjino. 

De aquella revelación 
del delirio. 

Mónica. 

No hay lugar 

á confesión, sino hay culpa, 
si he delirado lo ignoro, 
ni que papeles. . . . 

Lonjino. 

Deploro 

que sea vana tu disculpa. 

Mónica. 

Pues bien, tenedlo entendido 
no me quiero confesar, 
basta padre, quiero hallar, 
en la paz, el bien perdido. 

Lonjino. 



en tu frenesí estremo 
te alzas contra el Ser supremo 
ferozmente revelada ? 
¿Cómo reproba tu mano 
guiada por tu alma fiera, 
quiere romper la barrera 
que impuso Dios al cristiano? 
¡Tiembla por tí!. . . .por tu calma, 



80 



y piensa infeliz muger 
que á tu muerte, Lucifer 
se hará cargo de tu alma. 
Cuando el ángel iracundo 
te juzgue, ya condenada, 
responderás, desdichada, 
que renegaste en el mundo. 
El ángel te dirá á gritos 
en tu feroz agonía, 
¡¡¡maldita seas, impía!!! 
y hasta tus hijos ¡¡¡malditos!!! 
Mil pesadillas horribles 
te asaltarán en tu lecho 
y destrozarán tu pecho 
con estorciones terribles. 
Cuando tu mirada errante 
pida piedad al Eterno; 
encontrarás del infierno 
la mirada centellante 
Cuando con furia precita 
los mires, con ojos fijos, 
á gritos dirán tus hijos, 
¡¡¡nó, no me toques maldita!!! 
Ellos te huirán en el suelo 
clamando con voz ahogada, 
¡¡¡mi madre está condenada; 
porque renegó del cielo!!! 

Mónica (con csjjanto.) 

Ay mi hija. ... nó! 

Tristán. 

Ya es tarde ; 

no demandes indulgencia; 
Dios castiga sin clemencia 
la rebeldía cobarde. 

Loxjino. 

Cuando busques alimento 



por el hambre devorada r 
solo aspirarás saciada, 
¡veneno y remordimiento! 
¡Hija espúrea del pecado! 
¡Flajelo de los cristianos! 
el que toques con tus manos 
morirá desesperado. 
Al fin vendrá á recojcrte 
el ángel malo, del suelo, 
y te llevará en su vuelo 
al abismo de la muerte. 
Sí, tu muerte abominada, 
entre espantosos tormentos, 
y sobre hampos mugrientos 
morirás abandonada. 
Sí, no habrá una mano pía, 
• que quiera cerrar tus ojos; 
ni velará tus despojos 
el ángel de la agonía. 
Allí, aguardando la presa, 
cuando esté el cuerpo difunto, 
echará el demonio ai punto 
las garras á tu cabeza. 

Móxica (con desesperación.) 

Aj padre mió ! — piedad ! 

no quiero morir así ; 

perdonadme si cedí 

en un rasgo de maldad í 

que sea mi fin cristiano, 

y me resigno á morir ; 

es preferible á vivir 

de un modo tan inhumano. 

LONJINO. 

Es infalible tu muerte, 
y es tu deber humillarte 
desgraciada ! y resignarte 
á fin de cumplir tu suerte.- 
El cielo te pone á prueba, 



— 81 



y burlando mi esperanza 
contra quien todo lo alcanza 
¿tú espíritu se subleva ? 

Móxica. 
Sí padre, estoy convencida, 
que mi espíritu obcecado 
se doblegó ante el pecado, 
pero estoy arrepentida. 
Mi larga humildad cristiana 
que me sirva de disculpa ; 
sí , reconozco mi culpa, 
fui pecadora. . . . 

Tristan. 
Mañana 

volverá la tentación 
á sublevar tu conciencia, 
solo una gran penitencia 
te dará la salvación. 

Móxica. 

Sí, sufriré mi castigo 
con resignada humildad ; 
ay padre!.... por caridad 
no seáis tan cruel conmigo. 

LONJINO. 

Pues bien*, confiesa al momento 
lo que tanto has ocultado; 
di donde tienes guardado 
el papel. el documento ! 

Mónica. 

No lo tengo.... yo os lo di. 

LONJINO. 

Muy bien : eso te conviene ; 
ahora sé yo quien lo tiene 
tu hija.... 

Móxica. 
¡ Imposible ! — ¿ ella ? 



Tristan. 
Sí! 

ESCENA XXI. 

Dichos, Teresa (foro). 

Teresa. 

No está María en su casa. 
¡ los Jesuítas ! — ¿ qué quieren ? 
¡ ah ! ya lo recuerdo — esperen 
pronto verán lo que pasa. 

Tristan. 

(Arrojándose á ella, y lomándola de 
la mano.) 

Los papeles al momento ; 

los papeles, sin demora ; 

l pronto, — sí, — sonó la hora 

de tu seguro escarmiento. 

Trresa. 

¡ Jesús mió ! . ¿ qué papeles ? 

¿ de qué papeles habláis ? 
me hacéis mal — me maltratáis. 
La violencia !... ¡ hombres crueles ! 
opresores tenebrosos. . . . 

MÓNICA. 

Dios mió ! 

Teresa. 

¡ Ay alevosos ! 

Tristan. 
Los papeles. 

Teresa. 

¿ Qué papeles ? 

Lonjino. 

Los que á la iglesia, de Dios 
sustrajo esa hija insidiosa, 
esa pia y religiosa, 
donación hecha por vos. 

10 



— 82 — 



Tristan. 

Sí, los papeles, malvada, 
serpiente arrojada al suelo. 

Teresa. 

Padre ! juro por el cielo 
sí, lo juro, no sé nada: 
no me maltratéis así ; 
piedad, por Dios os lo pido. 

Tristan. 

Piedad? acaso lias tenido (bajo) 

conmiseración de mi? 

MÓNICA. (de rodillas.) 
Dios mió! — que horrible prueba. 

LoNJiNO. 

Ruega madre desdichada ! 

Tristan. 

arrepiéntete malvada. 

Teresa, (tendiendo las manos. 

Madre mia ! 

LONJTNO. (sacudiendo el brazo de 
Mónica.) 
Ruega, ruega, 
ruega por tu hija. . . . 

Teresa. 
Piedad ! 

Tristan. 

Si, tu misma lo has querido. 

Teresa. 
Ay madre!. . . .pierdo el aliento. 



Tristan. 

vas á sufrir ufa tormento (bajo) 
¿por qué me has aborrecido ? 

Teresa. 

Es cierto. . . .yo no podía. . . . 
vuestro afecto me espantaba 






Tristan. 



Calla, calla ! 

Teresa. 

Yo. . . . pensaba 

que Dios me castigaría. . - . 

en fin. . . .os tenia. . . . horror!!! 

Mónica. 

No padre mió! — ¡oh tortura! 

Lonjino. 

Humíllate vil criatura ! 
lo manda tu redentor. 
(Dejando á Mónica, y dirijiendose 
sobre Teresa, con ira.) 
Vas á decirlo al momento 
hija de la rebelión; 
lo que no la confesión^ 
te lo arrancará el tormento. 

(Saca unjrasco.) 
Este ingrediente es muy fuerte, 
y aplicado á las narices 
muy pronto todo lo dices 
entre la vida y la muerte. 

Teresa . — (con angustia.) 

Ay no, no, — yo diré todo; 

pero, qué diré Dios mió, 
si nada sé. 

Mónica. 
Es impío, 
martirizar de ese modo. (de pié) 



— S3 — 



Teresa. 

Mi muerte: muerte violenta 
madre mia! — asesinada! 

Mónica. 

Hija mia! . * . * hija adorada 

{corre á ella.) 
apartad j ente sedienta. 
(Se pone de espalda hacia su hija, y 

abriendo Jos brazos, la cubre con 

el cuerpo.) 

Lonjino. 

No esperes piedad conmigo 
con que, no los tienes? .... 

Clemente, (saliendo con páyeles) 

¡No ! quién los tiene soy yo, 
para tu ejemplar castigo. 

ESCENA ULTIMA 

Dichos, Clemente María, Justo, 
Don Luciano y Juliana. 

D? Mónica. 
Cómo? él? 

Teresa. 

él, los tenia ! 
gracias Dios mió ! 

Tristan. 
j En su mano ! 

Lonjino. (con ira concentrada.) 

;Sí, te lian burlado villano ! 



Teresa. 

Ya eres feliz, madre mia. . . . 

Los Jesuítas retroceden en actitud 
hiópcrita a la estrema derecha. 

Clemente. 

No temas Teresa yá 

que un patrimonio usurpado 

sea el fruto codiciado 

de esa piadosa hermandad. 

Lobo vil, devorador 

que vistes piel de Cordero ! 

Don Luciano. 

y se llama humilde obrero 
de la Tina del Señor. 

Teresa. 

Clemente, prenda adorada 
tu has sido nuestro consuelo. 

Mónica. 

Nos tuvo piedad el cielo 
(el sueño) 

Clemente. 
¡ Teresa amada ! 

Lonjino. 

Cúmplase vuestra misión; 
del cielo estáis desterrados; 

Justo. 
¡Quedamos notificados! 

Mónica. 

Hijos de mi corazón! (á Clemente 
y Teresa.) 



— 84 — 



( # ) 



Justo. 



Señora! — reconoció, 
á estas dos santas criaturas 
tan afectas á escrituras : 
¡La tradición lo legó¡ 
Esta clase de vivientes 
tienen el mundo intrigado: 
Ay! — si se habrán engañado, 
los escritores siguientes. 
Lanuza, Lemos y Cano, 
Juan Martínez, Dumesnil, 
Pontac, Marión, de Gondril, 
Beloy, Sotelo y Montano. 
El jesuíta Mendoza, 
Luis Dolé; Clemente Octavo, 
Santa Hildegarda y Gustavo 
y el tribunal de Tolosa. 
Borja tercer general 
de la misma Compañía; 
las clases de teolojía, 

y Baronio cardenal- 

y si me pongo á citar 
á los modernos autores, 
que escriben de estos Señores, 
es cuenta de no acabar. 

Lonjino. 

Está visto; la impiedad 
su cabeza impura asoma; 

( * ) El autor ha suprimido los dos ver- 
sos que en el original primitivo se hallaban 
aquí, y que el Censor notó como inadmisi- 
bles; siendo esta, la úaica variación sustan- 
cial, que ha hecho en el drama, para darlo 
á luz. 



(mañana marcháis á Roma, 
hermano mió. ¡temblad ! 



María. 



(mutis 
los dos.) 



Id con sistema tan santo, 
á llevar almas al cielo, 
que así vais dejando el suelo 
cubierto de luto y llanto. 

Don Luciano. 

Esta dicha es un primor; 
todo el mundo está contento! 

Julián. 

Ya les contaría un cuento, 
si te nombraran tutor. 

Teresa. 

Todo, la ambición lo inmola 
madres amantes, prolijas; 
guardad vuestras tiernas hijas 
de los hijos de Loyola. 

Justo. 

No volváis gentes malditas 
que bien sin ellos se pasa; 

MÓNICA. 

Si, ya no habrá en esta casa, 
Lagrimas y Jesuítas. 



fin del drama,